Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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León se ofrece como el ecosistema ideal para desarrollar un proyecto que pretende enfrentarse a un ecosistema absurdo. Incluso inmoral. El de la todopoderosa industria farmacéutica. La tradición y la historia, pero también el potencial y el talento leonés en materia biotecnológica, acunan a un nuevo miembro en su selecto y creciente universo empresarial. Mabxience, una farmacéutica del Grupo Chemo, el mismo que ha colocado a León en el mapa mundial de la producción de hormonas con Leonfarma.

Mabxience hace gala de una nueva filosofía en el complejo universo de la producción de medicamentos. Copiar preparados cuyo precio les hace inaccesibles para la mayoría y venderlos más baratos, para actuar también como tiritas en el cada vez más precario equilibrio financiero de los sistemas sanitarios.

Parece una industria contra la industria. O quizá es un nuevo nicho de actividad que pretende romper por abajo el mercado farmacéutico. Altruismo o negocio. Quizá ambos.

Se presenta además poniendo por delante que «la batalla no es fácil», porque hay mucho dinero, y muy influyente, en el juego. Es la teoría del absurdo de los avances de la medicina y de sus remedios. Cada vez más eficaces, pero también cada vez más exclusivos. Y más excluyentes. Cantidades millonarias invertidas para obtener beneficios más millonarios limitando su administración a un minúsculo grupo de privilegiados. Mientras a la inmensa mayoría de los humanos se les priva incluso de fármacos cuya administración está ya más que superada en los países desarrollados, pero que con esos obsoletos remedios salvarían miles de vidas que se pierden incomprensiblemente.

En el universo de los remedios para la salud parece cumplirse con soltura a la máxima de que a mayor perfección, mayor perversión. Lo incomprensible es el abandono total de la mayoría empobrecida, porque en buena lógica la atención (aunque sea también pobre) a esta población mayoritaria no tiene por qué estar reñida con el enriquecimiento a todo trapo de los gigantes farmacéuticos y sus avanzados compuestos. No son competencia.

Quizá el ahogamiento económico de los sistemas desarrollados de salud permita desarrollar estos denominados biosimilares. Lo que dudo es que alguien se tome la molestia de hacerlos accesibles a los que, me temo, seguirán estando excluidos del derecho a la salud.

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