PANORAMA
Ni ‘comecuras’ ni beatas
N o me gustan los ‘comecuras’. Tampoco las beatas. Desgraciadamente, el nuestro es un país que siempre se balancea entre dos extremos y aquí abundan unos y otros.
Nuestra Constitución consagra la aconfesionalidad del Estado aunque reconociendo el arraigo de la Iglesia católica en nuestra sociedad. Pero estamos en vísperas electorales y hay partidos, como el PSOE, que sacan del baúl la bandera de la laicidad convencidos de que eso les dará votos. Incluso Pedro Sánchez ha llegado a decir que la «prioridad política» de su generación es «reformar el Estado para convertirlo en laico». ¡Qué pasada!. Sí, arrogarse cuál es la «prioridad» de su generación es ir demasiado sobrado por la vida.
Pensaba yo que la prioridad de un dirigente socialista sería la de trabajar para que tengamos una sociedad más justa donde nadie se quede en la cuneta, tener un Estado que garantice una buena educación y sanidad pública y universal, unas pensiones dignas, que la Ley de Dependencia no sea papel mojado, que la legislación laboral proteja a los trabajadores, intentar dar respuesta al desafío del nacionalismo catalán y, sí, también consolidar la separación de Estado e Iglesia, pero haciéndolo sin que parezca un ajuste de cuentas. Verán, yo creo que debe existir una separación plena entre Estado e Iglesia, por más que la religión católica forme parte de nuestro ADN. Y me estremecen aquellos regímenes que tienen como base la religión. Ahí están los fanáticos de Al Qaeda o del Estado Islámico.
Creo que la religión es algo que pertenece al ámbito íntimo de las personas y, por tanto, allá cada cual con sus creencias. Pero, dicho esto, me preocupa que la sociedad en que vivimos sea cada vez más nihilista, con la consiguiente pérdida de valores. Si despojamos a las personas de su componente espiritual, las dejamos reducidas a una carcasa. Pero no es esto sólo lo que me preocupa, sino el empeño de algunos políticos de pasar factura a la Iglesia Católica por su comportamiento en algunas circunstancias históricas.
Pedro Sánchez, en caso de que gobierne, tendrá que ser capaz de garantizar la aconfesionalidad o laicidad del Estado y el respeto al sentir religioso de una amplia mayoría de la sociedad. Y, por favor, que no se olvide de que el estudio de la Historia de las religiones es sólo cultura. Sin ese conocimiento previo de la Historia de la religión, insisto en lo de Historia, ningún niño en el futuro podría comprender ni la mitad de los cuadros que puedan ver en el Museo del Prado.