Diario de León
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León

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P adre, me acuso de haber tenido tocamientos impuros... vaya, hijo mío, pero precisemos, ¿sobre carne o sobre tela?... ¿y eso importa?... pues mucho, alma de cántaro, porque si es sobre carne te meteré el doble de penitencia... y además se te caerá el pelo o la polla porque la carne trae cáncer.

Tela con lo de la carne y con la alerta sanitaria que sembró la OMS tras hacer sus tocamientos a la carne procesada y dictar tocamiento a generala para tejer una alfombra de miedos sobre la que bailamos nuestras temeridades de tragaldabas... y la danza última.

El beicon te laminará.

Te saldrán orejas de chuleta sajona.

O morirás de un salchichazo.

Pues qué bien.

Menos mal que fueron saliendo voces científicas y juiciosas rebajando el tono apocalíptico con que empezó a rodar esta noticia.

También es cierto que media población la ignora porque no la oyó o no se la cree o no le importa... o no tiene más remedio que seguir comiendo carnes procesadas, las únicas a las que alcanza tantísima gente... las únicas que se ven en un banco de alimentos.

El sector cárnico está aterrado con esta siembra de pánicos y en principio se resentirá, vaya que sí, mucho... ¿cuánto tardarán las regulaciones de plantilla en todos los «campofríos» del mundo alante?... mientras, el vegetarianismo aplaude con las orejas, puede hacerlo, son de acelga, no sajonas.

Pero desde hace cincuenta años, la lonchita de jamón de york es la sagrada comunión de la infancia y adolescencia, incluso la de los niños pobres, aunque no de comunión diaria.

Esa carne crea adición por gusto... o necesidad. El paladar de este tiempo seguirá exigiendo salchichas, hamburguesas, lonchas y toda carne blanda procesadita y fácil de masticar. Tranquila la industria, pues: seguiremos comiendo carnaza a vagonetas. Y Luci dice que sí, que la carne trae su química, ¿pero acaso más que todo lo demás?, ¿quieren marearme?, ¿lo que ahora es bueno mañana es malo y al revés?...

Fue al médico mi abuela a los 92 y le preguntamos ¿qué tal?... venía desolada: Si ahora me prohiben el tocino, ¿qué sentido tiene ya para mí la vida?...

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