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PEDRO TRAPIELLO
León

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E stán contentos en la Vicaría. Ven que hay laicos que quieren instaurar la comunión civil ... y esa envidia les halaga.

El ayuntamiento malagueño de Rincón de la Victoria que gobierna un pacto de varias izquierdas aprobó una ceremonia laica (módica tasa, 67 euros) para quienes quieran que sus niños tengan una solemnidad institucional como si fuera «la primera comunión», o sea, lo mismo: trajecito, familia emperifollá, comidón y con regalos... es lo único que importa y lo que hace todo el mundo de buen grado... o a la fuerza; la misa y los ángeles se quedan en paripé para las fotos; lo bueno, y lo terrible, viene después, que hoy las comuniones son ya unas minibodas a la hora de pavear y de aflojar la pasta.

Pero como en en este caso no hay cura ni copón, se celebra algo así como «el paso de la infancia a la adolescencia», dice la única madre que se acogió a esta oferta municipal... eso sí, habrá fiesta, habrá banquete... y la nena se vestirá de princesita como hay Dios.

Comunión civil... ¿y el alcalde te echa la homilía o una moción?... Los bautizos civiles se inventaron hace poco en el ayuntamiento vecino, El Borge, y ya hay una pila de ayuntamientos que lo ofrecen. Ojo, pues, con estas comuniones , tendrán su público, cómo no.

¿Echan tanto de menos la religión y sus boatos estos laicos de manual y posturita? Parece algo grotesco, ¿no?

Le embriscamos el asunto a Sócrates, pero puso gesto torvo, después apático, y solamente nos dijo «¿comunión civil?... ¡ahivalahostia!, Pachi».

No hubo tema y siguió en lo suyo.

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Octavito echó de menos que no haya también una confirmación civil (nada, tres preguntas sobre el callejero, vida laica y folklore nacional, como al extranjero nacionalizable)... y añadió que es imperdonable que esa gente no intente institucionalizar lo que de verdad urge en la vida pública española, la confesión civil , confesonarios en la antesala de plenos o ante las cámaras de un reality municipal para que la gente y los ediles puedan aliviar su conciencia ciudadana confesando, pidiendo perdón y obligándose a reparar las faltas, delitos o daños contra el interés común... uy, qué gracia... divina.