Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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E n este León en carne viva, castigado por infinitos duelos y quebrantos, la comidilla —y nunca mejor dicho— de los últimos días es la concesión del Premio Nacional de Comercio a Isamar, auténtico jardín de las delicias que forma parte de la liturgia cotidiana en la zona centro. Toda una exhibición de músculo por parte de una firma con mucha etiqueta, imbatible en la lucha cuerpo a cuerpo entre oferta y demanda, que destaca por méritos propios entre las estirpes legendarias incluidas en mundillo de la alimentación capitalino.

No es que vivimos precisamente en un universo de valores permanentes, por lo que aún tiene más mérito la trayectoria seguida por Isamar desde la apertura en 1956 de una tienda en la esquina entre la plaza de la Inmaculada y Alcázar de Toledo. Una jugada visionaria gracias a los precios imbatibles y el exquisito trato, que se iría ganando poco a poco los afectos locales.

El tiempo pasa a una velocidad bárbara y aquel establecimiento nacido con voluntad de eternidad y gestionado por gentes educadas en la brega diaria, es hoy en día una celebración al trabajo bien hecho.

Mercurio, dios del comercio, reconoce de esta manera el aluvión de propuestas creativas que despacha con la energía de un ejército bien adiestrado la amable plantilla de 20 personas. Tentaciones, sugerencias y exquisiteces que evidencian una enorme experiencia visual y olfativa. La llamada ineludible de los productos de gama alta que hacen guiños desde sus rutilantes escaparates, es una suerte de sello de esta casa convencida de que la excelencia siempre acaba siendo rentable.

El comercio es un caudal de progreso y bienestar, bien en aquellos tiempos de sanas costumbres y honorables cualidades, como en nuestra tecnificada época distinguida por una alimentación de vanguardia como la servida por Isamar, plena de chispa y sentido estético.

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