Diario de León
Publicado por
Juan Carlos Viloria
León

Creado:

Actualizado:

L as vicisitudes de la fortuna personal de Amancio Ortega se han convertido en tema de conversación habitual desde que Forbes nos informa casi al minuto de su posición en el podio de los más ricos del mundo. Es verdad que últimamente se han puesto un poco pesaditos y ya no sabemos si hoy es el más adinerado o al cierre de la bolsa de Nueva York le ha pasado Slim por unos pocos miles de millones de dólares. Algunos compatriotas seguro que sufren los reveses del fundador de Zara como si fueran propios. Eso sí que es patriotismo financiero. Pasa que coincide esta sobredosis de información sobre las financias de don Amancio con una campaña electoral de aquí te espero que estamos sobrellevando en este país con la resignación democrática que nos caracteriza. Y resulta que la mayoría de los contendientes dice tener la solución a nuestros problemas económicos, a la crisis en general, al miedo a un futuro sin pensiones, a los recortes y otras calamidades, echando el lazo precisamente a los ricos. Digamos que hay unos ‘Amancios’ por ahí que por lo visto no pagan sus impuestos y solo es cuestión de contratar unos cuantos inspectores de hacienda para que les aprieten las tuercas y todo solucionado. Lo de Montoro va a ser una broma en comparación con la caza del rico que prometen los aspirantes a la cartera de Hacienda.

«Que paguen los ricos»; «Que paguen más los que más tienen», se repite como un mantra desde el atril. No sé cómo no nos habíamos dado cuenta con lo fácil que parece arreglar las cuentas del país. O, mejor dicho, sí que nos habíamos dado cuenta porque desde que la democracia trajera de la mano el IRPF y los impuestos no había programa electoral que no esgrimiera como objetivo prioritario lo de perseguir el fraude fiscal. Pasa que luego se despistaban al llegar al Gobierno y tiraban por el camino conocido de meter mano a las nóminas, a los autónomos, a subir los impuestos indirectos, gasolina, luz, tabaco y llenaban la bolsa más rápido y sin tener que perseguir a los ricos más allá de lo razonable. Quizás porque al final los ricos son un «mal necesario», quizás porque si les aprietas mucho las tuercas se van con la música a otra parte o porque en el fondo todos están convencidos de que pobre el país que no tenga ricos. Así que ya nos podemos ir haciendo a la idea de que una cosa es la música y otra es la letra.

Al final habrá, en realidad, muchos ‘Amancios’ a los que exprimir, es decir, lo que queda de la sufrida clase media trabajadora por cuenta ajena o con su pequeño negocio autónomo. Bajarán la barrera de la riqueza hasta el límite y lanzarán sus inspectores tras las nóminas, ahorros, fondos de pensiones, herencias y patrimonios, grandes y pequeños,(sobre todo pequeños más fáciles de controlar) que ya han pagado impuestos por varias generaciones. Pero, eso sí, la economía sumergida ni tocar que todos saben que es el colchón donde reposa la paz social. Por si no lo sabías: Amancio somos todos. Amén.

tracking