Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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E l granito de arena que queríamos poner todos para ayudar a los inmigrantes se ha convertido en un adoquín. Es lo malo de hacer cuentas. Se sabe que el primer impulso siempre es generoso y por eso hay que tener mucho cuidado con él. «Si a mi me tocara el gordo de Navidad repartiría la mitad entre los pobres», me dice un amigo caracterizado por su buen corazón y creyente en nuestro señor el azar. Jamás le ha tocado más que la devolución, pero eso no le impide seguir participando y decir eso de que lo importante es tener salud. España y muchos países europeos donde comer dos veces al día no es una extravagancia, se mostraron solidarios con los inmigrantes, hasta el borde de la dadivosidad, pero esa ejemplar actitud sólo duró hasta que nos asignaron un cupo. Se comprueba que el bolsillo no está demasiado lejos del órgano cordial y es la parte más sensible del organismo, además de ser una zona erógena. Curiosamente, el mismo día en que los líderes de la Unión Europea se reunieron en Malta para tratar la crisis de los refugiados, Suecia se sumó a Austria y Alemania y suspendió el tratado que permitía que la libre circulación. De lo dicho no hay nada, les dijeron a los hambrientos. Ni de lo dicho ni de lo escrito. Por si algunos no lo habían entendido, se están construyendo muros altísimos. A los pobres de pedir asilo se les pide que sean atletas, si quieren saltárselos.

Un nuevo eslogan turístico se está propagando: «Quédese en su patria, aunque el sitio donde le nacieron sea una birria». No se añade, por pura cortesía, que en Europa no queremos ver más pobres, ya que con los que tenemos es suficiente y nos damos por contentos con no aumentar el número de los nativos. La solución sería quitarles las ganas de venir, pero se ha optado por la construcción de murallas. Europa se ha convertido en un fortín. Todas las almenas podemos decir que son nuestras. Será inexpugnable hasta que no conviertan las cucharas en armas y empiece una nueva edad de los metales. Las cosas más raras no son las que hemos visto, si no los las que nos quedan por ver.

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