Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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C onocí un Bierzo en el que Ramón Carnicer y Antonio Pereira, desde Madrid o Barcelona, estaban siempre aquí. De un modo u otro, con el corazón y el talento. Y a la vez estaban en sus ciudades, donde ganaron prestigio y amistades. Unos logros que también eran para nosotros, porque los amigos de Carnicer y Pereira visitaban la comarca y nos hacían sentirnos más universales. A esos dos extraordinarios villafranquinos se unía un tercero, Ramón González-Alegre, que vinculaba la vida cultural del valle con la vecina y fraterna Galicia.

Era aquel un Bierzo al que venía a pescar el gran poeta civil gallego Celso Emilio Ferreiro, y que visitaban, más ocasionalmente, Álvaro Cunqueiro o Camilo José Cela. Sin olvidar a las personas doctas que traía el filólogo berciano Valentín García Yebra, que recorrió trochas y palabras fronterizas con Dámaso Alonso. De aquel tiempo, dos personas perviven, y por muchos años: el músico Cristóbal Halffter en Villafranca, y la raíz y memoria cacabelense de Raúl Guerra Garrido.

En ese Bierzo ya casi perdido, vivían el fotógrafo Amalio Fernández, o el pintor Andrés Viloria, dos vecinos de Ponferrada que fueron ejemplo de discreción y de entrega a su obra artística. Y había muchas más personas, en aquella comarca ruda, bella y minera, que amaban la cultura y que siempre ayudaban. Como el profesor José Antonio Carro Celada, que tantas puertas abrió a quienes empezaban a descubrir la literatura. O Norberto Beberide, que inundaba de color y originalidad Villafranca. Y también había paisanos pintorescos que afrontaban empresas sensacionales, como don Adelino Yebra y su insólito museo de Villar de los Barrios.

A ellos se unían periodistas que amaban la historia, como Ignacio Fidalgo o divulgadores inefables, como don Augusto Quintana Prieto, quienes, unidos a profesores de colegios e institutos, a pintores y escultores aficionados, a profesionales apasionados por el buen cine y la lectura, y a muchas otras gentes interesadas y anónimas, hacían de la comarca un lugar con encanto. No quiero exagerar el valor de todo esto que narro, pero sí resaltar el entusiasmo y generosidad con que esas personas vivían iniciativas y reuniones, novedades y sueños. En tiempos difíciles.

Ahora todo ha cambiado. Se ha invertido mucho en cultura y las concejalías del ramo se esfuerzan lo suyo, aunque por lo general centrándose más en la vertiente turística. El Bierzo ha ganado prácticamente en todo, pese a la crisis brutal. Pero ha perdido ese encanto de cobijar esas biografías del arte y la vida, de la lentitud y la extrañeza. Hay excepciones, sin duda, y muy relevantes, pero ahora es otro el clima social, otras las preferencias. Se ha vuelto todo demasiado cercano y previsible. Pero es ahí, en ese escenario diferente, y sin duda menos misterioso, donde también continuaremos soñando.

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