AQUÍ TE ESPERO
Como locos
Así vamos en este final de noviembre y prólogo de un diciembre que será el más portentoso de los meses, porque también habrá elecciones. Pues si bien el último mes del año siempre ha sido de los más populares (y razones no le faltan, por cuanto alberga la Navidad y ese anticipo de regalos y sorpresas que es su antesala lotera, con un ‘gordo’ que todos esperamos y que alegra cada año a miles de personas), la paga extraordinaria tiene mucho que ver para animar las compras. Y el puente de la Inmaculada, que se alargó hace cuatro décadas con la Constitución, también hacía que el fervor por las compras no quedara relegado a los días previos a la Navidad, sino que desde entonces nos entrenamos en el gasto en los primeros ocho días.
Pues bien, eso parece que no es suficiente y ahora lo alargan por delante y ya se extiende a los últimos días de noviembre, con ese Black Friday que hace tres años no nos sonaba ni de las películas, que el pasado comenzó a notarse tímidamente en España y en el actual arrasa como si no hubiéramos conocido otra cosa. Son las modas y ya se sabe que desde ahora algo desconocido puede pasar a ser considerado de toda la vida, simplemente porque esa Red que a todos nos captura se cierra sobre nosotros y nos creemos que no se puede vivir sin comprar.
La sociedad de consumo se hizo patente en los ochenta y sin embargo ahora, que es cuando más se consume, ya no se menciona. Tal vez porque estamos tan sumergidos en ella que nos parece algo tan natural, como curioso o ancestral resulta hoy el no consumir.
Pues bien ese consumismo feroz del Viernes Negro, que aquí hemos alargado al sábado se extiende al Cyber Monday de hoy mismo y así, sin darnos cuenta, hemos caído en la compra continua, en el consumir por consumir, aunque no lo necesitemos, pero para sentirnos parte de ese banco de peces que hemos sido capturados por la inmensidad de Internet, una Red de la que no se puede salir, pero en la que además estamos satisfechos de haber caído. Y como locos nos lanzamos a una vorágine que acabará a mediados de enero, cuando se serenen las rebajas. Entonces vendrá la auténtica cuesta, empinada como pocas veces. Porque en enero (y en febrero, más) llegarán las facturas pendientes. Y habrá que empezar a pagar. Y para entonces también los políticos se darán de bruces con la realidad y se acabará la juerga.