Diario de León

EL BAILE DEL AHORCADO

Listas y los listos de siempre

Cristina Fanjul
León

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Menudo plantel. Y luego dicen que si los políticos tal y cual, que esto es un servicio público y que no todos son iguales. Claro que no, que como dice Felipe, los hay que no llegan a la altura intelectual de Miguelón que es un ejemplar de homo antecessor, un antecedente del homo fetén, nosotros, aunque no todos (siento repetirme) seamos iguales, que unos lo son más que otros, como Manuel Cobo, que es de León porque aquí, ya saben, todos somos de León, aunque cada vez menos contentos, y, sin embargo, a unos pocos es sacarles de León con billete a Madrid y aprenden a cantar y a reír y lo que sea menester, que no hay más que verles en la foto, esa foto, ¡qué foto! pero ¿qué acémila de jefe de prensa envía esa foto a la ídem? Pues ahí estaba Manuel Cobo, sí, ¿que no lo sabían? Pues es leonés, ya ven, que aquí esto es así, y como se le acaba el momio del Ifema se vuelve a la tierrina que al fin y al cabo tampoco hay que ponerse estupendo y todos somos leoneses, que habrá un gallego en la luna, pero leoneses hay en todas partes, hasta en el Congreso, aunque allí no se note en absoluto, que una vez elegidos, los diputados y senadores leoneses consiguen lo imposible: esfumarse, desaparecer, hacer mutis por el foro, que no hay nada como practicar el disimulo para que no te toquen. De momento, Manuel Cobo ya ha hecho grandísimas declaraciones en relación a León. «Hay que potenciar el empleo», o algo así. Fascinante, brillante, soberbio, que no hay adjetivación suficiente, que por eso Eduardo se puso pantalón carmesí, para camuflar el rubor en las mejillas, que no se crean que las cosas se hacen porque sí.

Otro de los grandes fichajes de la provincia para dignificar el Congreso es Ibán García, que en los últimos meses se ha encargado de la cosa cultural. Si pudiera poner un emoticono lo haría, pero creo que no sería suficiente. Lo malo de esta operación es que llegaba con billete de ida y vuelta y al final el tiempo, que nunca va tan deprisa como a muchos les gustaría, se demora, siempre llega tarde. Los peajes, que siempre acaban cobrándose y aquí de la necesidad nunca surge virtud.

Aunque, ¿quién sabe? Tal vez la cosa no salga como se espera, que en este tablero todo está por decidir y, al final, puede que unos recién llegados jueguen la aritmética de la sorpresa y los segundones se queden en bragas.

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