Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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El miércoles fui a ver la película Marte. Vale, lo admito es un juego de palabras facilón. Me gustan así. Porque ¿de qué vale hacer una gracia con el canto quinto del Jaralavata, el gran poema épico del Turulustán, si no fue capaz de acabárselo ni quien lo compuso? Trata de un astronauta al que se dejan allí arriba, al darle por muerto sus compañeros. Visto lo visto, Marte es como Las Médulas pero sin romanos. El susodicho astronauta, en vez de gritarles expresiones soeces y hacerles peinetas, como hubiesen hecho Cela o nuestro Genarín en su misma situación, se lo toma bastante bien y consigue sobrevivir utilizando su excremento como abono. ¿Raro? Según con qué y con quién lo compares. Artur Mas está dispuesto a pactar con los marcianos con tal de ser presidente, aunque me da que los de la CUP son más de Saturno. Al salir del cine corrí a casa para ver la charleta de Bertín Osborne y Rajoy. Llegué cuando estaba el cantante asombrándose de que en León tuviéramos AVE, como si le hubiesen dicho que aquí las gallinas llevan monóculo. Hay quienes le reprochan que no zarandee a sus invitados, pero eso es como criticar que en la serie Carlos V no salgan naves espaciales. En tu casa o en la mía es un excelente entretenimiento, que se agradece entre tanto programa de chillones rabiosos. El tono amable le ha funcionado a Osborne muy bien con todos, salvo con la nietísima que carece de méritos profesionales propios y además se jacta de su propia insustancialidad. Se ponen morados. En la prehistoria de mi andadura profesional hice para este periódico una serie de entrevistas bajo el título Candidato en casa, durante unas elecciones. A mí nadie me sacó jamón; todo lo más, cacahuetes.

Lo del cantante no son entrevistas periodísticas al uso, ni pretenden serlo, sino charlas distendidas con amigos o conocidos de postín. Y lo borda, porque a su simpatía innata añade su propia experiencia de dolor, que ha hecho de él un ser humano mucho más interesante que antes.

Dicen que hay planetas en los que no debes casarte ni embarcarte. A saber, por si acaso servidor se casó en viernes. En este país, hay quien vive en Marte los siete días de la semana. Ven, ya me salió otro juego de palabras.

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