Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

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Problamente nos haya dolido más que al propio presidente a quienes deseamos que todas las disputas, debates y demás controversias teminen en una votación en vez de en la casa de socorro. Una cachetada así no debería ir más allá de la simple aplicación de hielo y la ingesta de un par de analgésicos, sin embargo, para la imagen de vulnerabilidad del agredido y la propia sin razón que esconde una conducta abiertamente delictiva será más difícil que se encuentre una cura efectiva. Será todavía más difícil que no se vuelva a caer en el error de dar un protagonismo que no se merecen descerebrados de tal calibre, y el coro de jaleadores en que proliferan en las redes sociales.

Pese a que en las informaciones meteorológicas de ayer nadie advirtió de que un frente barrería todo el noroeste peninsular, la tarde-noche arrancó fea por Galicia y finalizó de igual manera en por el País Vasco. Con una hostia de espanto en la jerola de muchos deportivistas y las ilusiones de otros tantos bercianos echas trizas. Las de aquellos que tienen a la SA futbolera como el faro entre esta niebla de la tierra de desilusiones encadenadas en la que se está convirtiendo el Bierzo. (Aviso a navegantes: ¡Mucho ojo con meterse con nuestros fiambres coperos, que por lo menos aquí de la revolución tecnológica del botón del uniforme, y hasta la del velcro para marcajes pegajosos hace ya bastante tiempo que tuvimos constancia de ella!).

Desilusión tras desilusión. Cachetada tras cachetada. Vamos tomando constancia de nuestra insignificancia. De que detrás de grandes propuestas o brillantes proyectos sólo existe la nada más absoluta. Así vemos como las lanzaderas se convierten en autobuses en nada diferentes a los que ya hacen ese recorrido por la antigua N-VI entre el Bierzo y la capital del Reino (¡zasca!) —Y no es que lo diga yo, sino que simplemente hago mías las palabras del presidente de los empresarios bercianos—. Como los proyectos que deberían reactivar polígonos como el Bayo o el de Vilela que van a finalizar el año convertidos en no más que escenarios de cartón-piedra (¡zasca! y ¡zasca!).

Una vez más está apunto de confirmarse eso de que la esperanza es un buen desayuno, pero muy mala cena. Y en este 2015 que está a punto de finalizar nos hemos empachado con indigestas cenas.

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