Diario de León
Álvaro Caballero
León

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D esencuadernamos los cuarterones del nuevo año todavía con el remoloneo del 2015 en los tobillos, donde se ha enredado en la incertidumbre de si tendremos que volver atrás para unas nuevas elecciones. Pasamos de puntillas sin nada resuelto de lo que teníamos pendiente cuando nos colgamos de la última campanada, mientras subimos el cuello del abrigo para navegar seguros por estas mañanas de niebla con el mentón aproado como si anduviéramos al rececho. Nada cambia, pero hacemos listas para incumplir los propósitos porque no tenemos enmienda a la que acogernos. Quizá esta vez, plantea alguien con ironía, sería mejor que entregáramos el primer diario de la temporada con la noticia del último muerto, en lugar de la costumbre repetitiva del primer nacimiento.

Pero no perdemos la ilusión de escribirles de nuevo a los Reyes Magos. Encabezamos la carta con el aviso de que hemos sido tan malos que queremos carbón sacado a paladas de las cuencas leonesas, a las que el Gobierno intenta quemar otra vez con falsas reindustrializaciones para que se suiciden por sí solas. Nos emperramos en pedir que los ganaderos de leche no se encuentren los precios arramados por el suelo de sus cuadras, mientras en los estantes de los supermercados se reparten los beneficios la industria y los intermediarios, y que los agricultores logren una PAC en la que se proteja a quien cultive, no al que especule desde el salón de casa con los derechos de las tierras. Volvemos sobre la senda para insistir en que se acabe la integración de Feve que calló en vía muerta hace cuatro años, a ver si con la pérdida de viajeros se adobaba la disculpa del cierre, y que el soterramiento sea algo más que publicitar unos planos para luego enterrarlos en disculpas. No nos damos por vencidos para encargar a los magos de Oriente una ley que ordene las competencias sin restarnos la poca autonomía que nos queda, ni quitarles los recursos a los pueblos para dárselos a ganar a los señoritos de coto de fin de semana, ni robarnos la identidad que hace tres décadas intentan fagocitar. Y no nos olvidamos de implorarles que nos premien con una nueva agenda distinta a la que maneja la Junta para sus medidas de asentamiento de población, que no ha hecho más que quitarnos vecinos hasta dejarnos la pirámide demográfica con la forma de la silueta de Kim Kardashian sentada.

No hace falta ni que pongamos el remite.

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