Diario de León
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FRANCISCO J. LóPEZ RODRíGUEZ. profesor
León

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L os acontecimientos sucedidos en Francia cambiaron el sentido del presente escrito pero, no el título. Hoy la patria, España, está en crisis. Eva Perón decía: «La patria no es patrimonio de ninguna fuerza. La patria es el pueblo y nada puede sobreponerse al pueblo sin que corran peligro la libertad y la justicia».

España ha sufrido el golpe del terrorismo. Begoña Urroz, de 22 meses, falleció abrasada en 1960 por una bomba colocada en la estación de ferrocarril de Amara (Guipúzcoa). Décadas después se descubrió que ése fue el primer atentado mortal de ETA. Esto sucedió hace 55 años. Este fue el nacimiento de un río de sangre que inundó el suelo patrio hasta 2009 con la muerte de dos guardias civiles, aunque en 2010, ETA mató en Francia a un policía de ese país. Se contabilizan unos 900 muertos por la banda. En 2004 el atentado del 11-M. provocó 192 víctimas. Más de mil ciudadanos entre civiles y fuerzas de seguridad han perecido fruto de la barbarie carroñera de una jauría de salvajes.

La reacción del pueblo español fue muy distinta al francés. París fue una explosión de patriotismo. ¡Qué diferencia al 11-M! En Francia, espontáneamente a la salida del fútbol, se canta la marsellesa. En España, se silba al himno. En Francia, están al lado del jefe de Estado. En España, se silba al rey. En Francia, se enarbola la bandera como símbolo patrio. En España, se quema o se ultraja. En Francia, la oposición arropa al presidente. En España, la oposición y el pueblo llaman criminal al presidente. En Francia, los medios de comunicación apoyan al gobierno. En España, ciertos medios y periodistas, arrojan toda clase de injurias y empujan a las masas que salgan a la calle para pedir otro gobierno.

El Parlamento francés se reúne para arropar al presidente. En España se reúne para demonizarlo. En Francia, el presidente toma medidas drásticas, las fuerzas de seguridad tendrán facultades no sólo para defenderse sino para actuar cuando el peligro amenace su vida o la seguridad del país. En España, los partidos dicen que se atenta contra la libertad, la dignidad y la democracia. En Francia, se proclama unidad y un pacto contra el terrorismo. En España, ciertos partidos políticos dicen que es venganza y poco democrático. El Gobierno francés dice que está en guerra y actúa en consecuencia contra las tribus salvajes del islam. En España, por apoyar la guerra de Irak, se tumba a un Gobierno. Las tropas españolas en Irak no dispararon un tiro, ni entraron en combate. El barco Galicia se convirtió en un hospital de ayuda humanitaria y, las tropas, de ayuda a la población iraquí. Ningún soldado español murió en combate.

En Estados Unidos, los atentados del 11-S, con más de 3.500 muertos en el derrumbe de las torres gemelas, sacó a la calle a todos los americanos y arropó al presidente Bush con un apoyo mayoritario de la población, un 77%. En España al presidente se le llama mentiroso. Aún retumba la frase de la oposición: Sr. Presidente, diga la verdad.

En la Sorbona todos cantaron: ‘Allons enfants de la patrie,  Le jour de gloire est arrivé!’. En las universidades españolas se vociferó toda clase de insultos contra el Gobierno. En Notre Dame rezaron todos: Musulmanes, judíos, protestantes, católicos. En España, se lanzaron a la calle para tirar un Gobierno. En Nueva York, en Canadá, en el partido Francia-Inglaterra, el estadio de Wembley se cae abajo por los cantos desgarradores de la marsellesa, ingleses y franceses unidos por una causa. En España, se arrían las esteladas, se ultraja a la bandera patria, se silba al himno nacional y a los reyes (esto sólo ocurre en Cataluña y en alguna otra ciudad por culpa de los políticos carroñeros).

Como español, siento envidia del patriotismo francés. Como español, siento envidia de que canten la marsellesa espontáneamente a la salida del futbol. Como español, siento envidia que en el parlamento todos canten el himno de Francia. Como español, siento envidia de que todos veneren la bandera francesa. Como español, siento envidia que en todo el mundo se arríe la bandera francesa. Como español, detesto el falso patriotismo del 11-M. Como español, detesto a los periodistas del 11 M.

Hay un hecho es cierto, los hambrientos de poder consiguieron su objetivo. Un destacado miembro del Gobierno de Felipe González, en un medio de comunicación, no tuvo pelos en la lengua, para decir: «que el Gobierno nacido de la masacre fue el más inútil de la democracia española ya que un presidente inútil sólo tendrá a su lado a inútiles». Para nombrar a Kennedy: «Un presidente de Gobierno debe ser inteligente ya que tendrá a su lado a los más inteligentes».

Mientras en España sigamos enseñando a los niños que Cataluña limita al Sur con el Ebro y un país que se llama España. Cuando una profesora catalana reprende a un niño porque dijo: ¡Viva España y el Rey! Cuando en el país vasco las ikastolas incitan al odio a España. Cuando en Baleares se proclama oficial, el mallorquín. En Valencia, se impone el valenciano. En Aragón, el aragonés. En Asturias, el asturianu o el bable. En Galicia, el gallego. Y no digamos las barbaridades que se publican en Galicia adoctrinando a los niños que García, por cierto rey de Galicia, «oprimió al pueblo gallego, les quitó sus derechos, sometiéndolos a esclavitud» y en todas se incite el odio a España, sólo nos queda decir como Unamuno: «me duele España». Estamos permitiendo la mayor tropelía. ¿Qué nos queda?

La portavoz de Pablo Iglesias llama «putos fachas» a quienes entonaban La Marsellesa y en palabras de un novelista «hubo un imbécil que se gastó una millonada con lo de la Alianza de Civilizaciones» para catequizar a los hijos de Mahoma y de la Luna a fin de vivir todos en paz e instaurar un Josafat bíblico en todo el orbe terrestre.

Decía Adolfo Suarez «brindo por el pueblo español, esperando que tenga unos dirigentes mejores que los que actualmente posee» para añadir «hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permanecido en su puesto o renunciando a él». Y no olvidemos las palabras de Groucho Marx: «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados y hay personas que parecen idiotas y actúan como idiotas, si en realidad son así, es que definitivamente son idiotas».

No hay ciudadano en el mundo que renuncie a su bandera. No hay ciudadano en el mundo que renuncie a su patria, sólo en este país se permiten tales tropelías y todo por satisfacer delirios de grandeza. Somos el único país en el que la masa borreguil se deja llevar por encantadores de serpientes, auspiciada por algunos medios de comunicación, para colocar en el poder a sus acólitos y les lloverá contratos y concesiones. Por desgracia, ponemos en el tablero a muchos de los que aspiran a gobernarnos y se te cae el mundo. Cómo una panda de inútiles va a comandar la nave patria. Para los americanos, Typical Spanish. Para el resto del mundo, Spain is different . Así nos va. La patria está en peligro ¿Quién la salvara?

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