PANORAMA
Mandato popular
L os partidos han encajado mal los resultados del 20-D. Pero, ¿cuál ha sido este mandato popular? ¿Qué ha querido expresar el pueblo soberano con sus votos? En primer lugar, ha propinado un severo castigo a los conductores principales de este país desde 1982: los partidos tradicionales han fracasado en la prevención y en la conducción de la crisis económica y han traicionado la confianza recibida al incurrir en una corrupción rampante que merece la mayor condena.
En segundo lugar, ha dado a entender que no le gustan los gobiernos con mayoría absoluta, que probablemente no habían sido previstos por el constituyente y que por ello mismo concentran excesivamente el poder en la mayoría. De lo cual se infiere que las cuatro grandes formaciones surgidas del 20-D tienen el mandato de conseguir la gobernabilidad mediante pactos y coaliciones, a través de acuerdos que, por otra parte, responden a una disposición dialogante que se halla implícita en el espíritu constitucional.
En tercer lugar los ciudadanos parecen haber atendido las propuestas de reforma constitucional que bien explícitamente ofrecían en sus programas el PSOE, Ciudadanos y Podemos. Lógicamente tal reforma debería ser lograda a través de un gran consenso, equivalente al fundacional; de ahí la conveniencia de las coaliciones. De lo que no hay duda, en definitiva, es de que el cuerpo social ha premeditado inteligentemente su decisión, que se convierte en mandato democrático. Los partidos tienen, en fin, la obligación de atender el requerimiento y hacer lo que es usual en Europa: buscar una fórmula cooperativa de estabilidad que permita formar gobierno. Si no lo hacen, la única opción posible será la repetición de las elecciones, y en este caso habrá represalias con toda seguridad. De entrada, es previsible que la participación se reduzca considerablemente, ya que muchos votantes se sentirán burlados una vez más por los administradores de su soberanía. Pero, además, habrá deslizamientos, que son imposibles de predecir pero que pueden ser relevantes.
En el hemisferio derecho, en el que es manifiesto que un sector del electorado del PP, irritado con esta formación, votó a C’s a modo de castigo aunque con la confianza de que ambos partidos podrían gobernar juntos, es probable que vuelva a primar el criterio del voto útil, con lo que Ciudadanos podría caer bajo el umbral crítico pasado el cual la ley d’Hondt sume a los partidos en la irrelevancia. En el hemisferio izquierdo, proseguirá la pugna por la primacía entre el PSOE y Podemos; a corto plazo, la actitud del PSOE, que ha comenzado una cruenta guerra interna minutos después de conocerse los resultados del 20-D, presagia lo peor para este partido, que parece empeñado en suicidarse políticamente. Aunque también puede operar el efecto del voto útil en contra de Podemos, cuyo discurso, ahora enfrascado en el impopular referéndum catalán, resulta desconcertante para muchos de sus seguidores.