Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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El pasado día 2 se celebró en el Auditorio un Día de la Discapacidad muy concurrido en el que hubo cuentacuentos, vídeos, coreografía, manifiesto y hasta un speech de quien esto escribe, titulado El día de los superhéroes. Oye, me lo ponderaron mucho, y los políticos y las jefas de prensa vinieron a elogiarlo; hasta un señor militar con mucho metal en el pecho se me acercó y a mí me entró miedo por si me faltaba alguna prórroga de la mili y venía el hombre a mandarme a filas (aprieta el culo y sube pa’l Ferral, pensé que diría), pero en realidad era también para alabar la cosa. Muy bien, todo muy bien.

Luego observas, escuchas y compruebas, y te das cuenta de que perdiste una oportunidad de oro para dejar claro que sí, que son héroes, ellos y sus familias, pero muchas veces a costa de unos poderes públicos que en esta ciudad parecen tenerlos muy escasamente en cuenta. Quizá sólo para salir en la foto, como el pescador con su captura. Veamos unos pocos ejemplos, quejas reunidas entre las propias familias, triste ristra de vergüenzas: los muchos edificios públicos que no tienen acceso para personas con movilidad reducida. La ausencia casi total de columpios adaptados («que sepamos, sólo hay uno en La Lastra y encima la rampa no funciona», me dicen). Aceras sin rebaje (en Valencia de Don Juan, muchas, y en su piscina, considerada de las mejores de la comunidad, no hay medios para que las personas con problemas puedan acceder al agua). Más sangrante aún: el material ortopédico que en muchos casos resulta fundamental para su día a día no cuenta con subvenciones adecuadas aun siendo carísimo (prohibitivo lujo para muchas familias), y las terapias se administran con cuentagotas. El Ayuntamiento de León carece de campamentos pensados para estos niños (las familias piden poder dejarlos en ellos una mañana de verano, ¡una!, pues ni eso). Pero es que la propia sociedad es a veces tremendamente insensible, una inhumana banda que sólo mira por lo suyo; pensemos sólo en la cantidad de jetas que aparcan en las plazas reservadas para minusválidos o en el uso prioritario del ascensor que no siempre se respeta (¿y un poco de consideración en los centros sanitarios? Ellos no aguantan tanto tiempo de espera). Etcétera, etcétera.

Son héroes, me temo, porque están rodeados de villanos.

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