Diario de León
Publicado por
antonio manilla
León

Creado:

Actualizado:

H oy debo mostrar mi preocupación por un asunto que no es filfa, es decir, política: se ha confirmado la existencia de agua en Marte y en Plutón y la Junta no se ha manifestado todavía sobre si lo declara Aguas de Régimen Especial Controlado, ni ha realizado aún gestiones para que se curse una licencia de pesca común con otros planetas. Aunque uno tiende a pensar, viendo la indumentaria de alguno de los pescadores con los que se cruza, que los marcianos ya están en nuestros ríos y —pese a haberse estipulado la pesca sin muerte de salmónidos— con licencia hasta para matar. Plumas negras, antifaz amarillo, pico largo y ganchudo: ya ha llegado en masa a nuestros cursos fluviales el cormorán, ese lobo de río. Un ave, para quien no lo sepa, que es un depredador marino absoluto, capaz de bucear en pos de sus presas y que, en todo el mundo, ha adquirido la costumbre de adentrarse tierra adentro, en una especie de retiro al palacio de invierno, a esquilmar las aguas continentales en razias que duran exactamente lo que las autoridades se deciden a espantarlo. O se deciden decididamente a hacerlo, que ahí radica nuestro problema.

El cormorán castellano leonés, que ya lleva sus lustros con nosotros como para que le neguemos la denominación de origen, en las dos variantes que lo conocemos, el atlántico y el de tierra firme, el viajero y el estable, permanece en una indefinición administrativa que nada más beneficia a su multiplicación: ha salido de la lista de especies protegidas europea pero no ha entrado en la de especies de caza. Mientras Europa actualiza sus inventarios, estudia minuciosamente sus egragópilas o deposiciones y conforma sesudos grupos de trabajo, la Junta de Castilla y León, consciente del conflicto que supone para nuestro ecosistema, adopta medidas tibias que están entre el casi clandestino control de población y la devoción ecologista: permite de cuando en cuando que agentes medioambientales y algunos particulares afectados realicen unas batiditas de escopeta. Mientras, cada ejemplar de este cuervo marino se embucha garganta abajo, cada día, una cantidad estimada de medio kilo de peces. Por suerte, aunque las administraciones hacen encaje de bolillos con su conciencia protegiendo una especie a costa de perder otras, hay alguien trabajando para atajar esta lacra. El propio cormorán, que, cuando acabe con todo, se irá con viento fresco.

tracking