Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

El tiovivo de las vanidades

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E l mundo se ha vuelto loco. Esta afirmación quizás sea una de las más repetidas a lo largo de la historia. Edgar Alan Poe, en su obra nos hace partícipes de sus locuras y obsesiones. Nadie tuvo una sensibilidad tan especial como él para describir lo macabro para unos y lo atractivamente irresistible para otros.

En un intento de abstracción y de tomar distancia para analizar nuestro pequeño mundo debemos situarnos al menos en la luna. Desde allí podríamos contemplar nuestra bola mundial girando y girando. Si se hace una observación más detenida se podrá observar como al tiempo que gira, simultáneamente, sufre de ciertos espasmos que resultan más que inquietantes.

Estas anomalías, no son consecuencia de las leyes físicas que rigen el Universo, al contrario, se deben al cúmulo de barullos que sus habitantes generamos día a día. Realmente es preocupante comprobar como ciertos conflictos históricos amenazan una y otra vez la seguridad mundial. Es como si nos hubiéramos instalado en un tiovivo maldito que nos impidiera salir del círculo infernal de graves errores que han causado grandes tragedias a la humanidad.

Tomemos por ejemplo la situación europea. Crisis económica, el sistema tradicional de democracia liberal amenazado por movimientos extremistas y nadie que es capaz de aglutinar la voz de aquellos que defienden la esencia y valor de la misma. Esta situación ya la vivieron los europeos antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. La debilidad de las democracias frente a los extremismos concluyó con el conflicto armado más importante hasta el momento de la humanidad.

Otra cuestión que requiere la atención del lunático es el conflicto emergente entre las dos grandes ramas del Islam. Se puede reducir al conflicto entre Arabia Saudí e Irán. Lo que subyace es un intento por controlar la producción de petróleo y hacerse con la hegemonía en el Golfo Pérsico. Esto les permitiría tener aún más influencia en la economía mundial y condicionar aún más a las democracias occidentales.

No se puede dejar de lado, el problema del terrorismo internacional. Encarnado en este momento por los yijadistas. Unas veces Sunníes, otras veces Chiíes, en algunas ni una cosa ni otra, sólo mueve al terrorista de turno su odio por lo occidental, por nuestra forma de vida. A estas alturas a nadie se le escapa que está financiado por los dos actores citados anteriormente. Ante esta situación, el petróleo está más barato que nunca y va a peor porque se teme que Irán con el respaldo de EE UU se incorpore de nuevo de forma efectiva a la economía mundial y pueda vender su petróleo libremente.

Estos son sólo algunos de los conflictos difíciles de digerir en este aciago mundo nuestro que lleva millones de años dando vueltas. Ni los dinosaurios tuvieron tantos problemas y aún así hay que ver como acabaron.

Algún sabio local, ante tanta incertidumbre a la que nos vemos sometidos, reclama para nosotros el mismo final por medio de un meteorito que produzca un efecto balsámico sobre la faz de la tierra eliminando nuestra especie y dando lugar, si es posible, a otra menos virulenta. Quizás a una suerte de roedor a quien sólo le preocupe el día a día y no tenga pretensiones geopolíticas.

No soy pesimista por naturaleza pero, sí me gusta analizar todas las posibles variables que configuran las ecuaciones de los conflictos. En función de esto, creo poder decir que no vamos por buen camino. Quizás sea porque uno va viendo pasar los años y aunque en apariencia la vida cambia mucho, en el fondo, la tierra sigue girando igual y las miserias humanas siguen siendo idénticas. Eso sí, con cada vez más capacidad para causar el mal ajeno. Pero, también puede ser que todo lo aquí escrito sea fruto de la reflexión de un lunático, o al menos alguien a quien le gusta leer a Alan Poe.

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