Los que pican
H a sido detenida una banda dedicada a los timos de la estampita y del tocomocho, que en términos cronológicos vienen a ser la prehistoria del engaño. En León, actuaron en el municipio de Villaquilambre. Sin ánimo de ofender a timadores y a timados, que bastante tienen ya con lo suyo, tales métodos eran ya viejos cuando al hombre de Valdelugueros no le había salido pelo en las piernas. Aún así, hay quien pica. La avaricia es vieja como el mundo; la estulticia, también. Dadas las circunstancias en que hoy se encuentra el país, deben preocuparnos más otros engaños. «Si gobernamos, después del lunes vendrá el sábado». Y hay quien pica, porque es muy de fines de semana. «Si gobernamos, crearemos el Ministerio de Ideas Jocosas». Y hay quien pica, porque piensa que lo mismo le cae una dirección general. «Si gobernamos, los Beatles volverán a unirse», «si gobernamos, ataremos a los perros con longanizas»... Y hay quienes pican, pero luego se rascan hasta verse el hueso.
Pero la democracia, la digna de ser llamada tal, no puede sostenerse en timos con señuelo, sino en la conducta. «¿Cómo pudo entrar un maletín con un millón de euros en su casa? Los maletines no tienen patas», le ha preguntado el magistrado al suegro de Granados. Contestó: «No lo sé, ¡entra tanta gente en mi dormitorio, desde el fontanero a los de Ikea!». Un pico de oro. La desfachatez es una de las características de esta farándula. Hay que tenerla para dar tal respuesta. Y valer. A mí me daría la risa floja. También hubo desfachatez en la respuesta dada hace días por Jordi Pujol padre al juez que le interrogaba por las razones para que no hubiese regularizado la supuesta herencia de su padre: «Yo en Cataluña soy algo más». Pícaros. En política son excepción, no la norma. Generalizar es recurso de corruptos.
Mientras, Iglesias sigue echando anzuelos para pescar una vicepresidencia absoluta en el río revuelto. Quiere tenernos controlados a todos. Mira que les gusta mandar a quienes no han hecho la mili. Estás solo en casa y, de repente, salida de la nada, te reprende su voz de Gran Hermano orwelliano: «¡Anacleto Cascales estás comiendo a deshoras!». ¿Puede haber quién pique? Como los de Padrón, unos pican y otros no.