Náufragos en el WC
U na cosa es el ahorro y la apuesta por la eficiencia energética y otra bien distinta la costumbre que se extiende en los baños públicos de colocar detectores de movimiento, que miden en microsegundos las necesidades fisiológicas de la clientela. Apenas acierta uno a encajar las piernas entre el hueco que deja la puerta y el elemento porcelánico propiamente dicho, y ya se ha quedado a oscuras . Comienza entonces una extraña, pero cada vez más popular, danza ritual que consiste en lograr cumplir el objetivo sin dejar de mover los brazos cual náufrago llamando a barco, para completar el alivio sin perderse irremisiblemente en la oscuridad de lo desconocido. Generalmente frío, sin necesidad de entrar en más detalles sobre las sensaciones que obligan a recomponer el ánimo tanto como la vestimenta para aparecer de nuevo en público con la prestancia de un ‘aquí no ha pasado nada’.
La cuestión evacuatoria tiene un componente cultural y suele ser tema de conversación recurrente entre los viajeros a otras latitudes, aunque acostumbra a manifestar tintes más de ver paja en ojo ajeno que de pulcritudes locales propiamente dichas. En mis años mozos me sorprendieron los países en los que había que pagar por utilizar retretes. Que solían tener lo necesario, cosa que por aquí ocurría en un porcentaje de veces preocupantemente bajo.
El más sorprendente de mis viajes, en lo que a necesidades inaplazables e invacunables se refiere, tuvo lugar en China. El viajero occidental pone sus ojos todavía más redondos cuando se topa en restaurantes de nivel con infraestructuras de agujero en suelo. En más de una cantina en fiesta de pueblo siendo yo adolescente... En fin, eso no es lo peor. Si las urgencias pillan al turista fisgando por los hutongs, corre el riesgo de urgir aliviadero público, en el más amplio sentido de la palabra. Ni puertas ni intimidad. Y siendo el foco de atracción, porque si hay algo raro allí eres tú.
¡Cuántos me han puesto ojos de chino al escucharlo! Curiosamente, con muchos de ellos he compartido noches de pubs en León que exigían catiuscas como equipo de emergencia. Y no parecíamos tan remilgados entonces.
No tenía yo intención de ponerme escatológica, pero tampoco quería entrar en cuestiones de asesinatos, corrupciones, pactos nonatos o abortados, elucubraciones políticas metafísicas,... Hay días que eso sí que da su asquito.