Los niños del dólar
E n Ponferrada convivían dos Ciudades del Dólar: la de los mayores y la de los niños. La de los mayores abarcaba la urbe entera, sus casas y ambiciones, sus cafés y prostíbulos; pero la de los niños es la que este periódico acaba de revelar, de la mano de las fotografías que Manuel García Granero realizó en los años cincuenta del pasado siglo.
La ciudad de los niños era la de los chalets de la empresa Minero Siderúrgica de Ponferrada, la del tren de vía estrecha a Laciana y la del bosque privado donde se ocultaba la mansión del Belga, el gran patrón de la empresa energética. Se trata de un paisaje urbano que en buena parte ya no existe, pero los niños de la Ciudad del Dólar seguimos mirándolo como si nada hubiera cambiado. Como si las actuales calles y edificios no fuesen plenamente reales.
Para los niños del Dólar, la ciudad era aquel territorio de grava y mimosas, de raíles y economatos, de setos bien cortados y de un hospital al que llevaban a los mineros heridos y que hoy es el colegio García Yebra. Un escenario que tenía algo de británico en el invierno, y del sur norteamericano cuando llegaba el calor. El tiempo entonces corría de otra manera y los niños que vivimos aquel privilegio quedamos para siempre atrapados en él.
Vemos las imágenes de García Granero, que proceden de la segunda mitad de los años cincuenta, y encontramos, convertido en algo muy tangible, el sueño que aún llevamos en la memoria. Tres fotos, sobre todo, me han impresionado. Una, la de la estación del ferrocarril de Villablino, con su sabor fabril casi decimonónico. Con sus oficinas manchesterianas, con los tinglados donde se reparaban las locomotoras, y con los lavaderos de carbón. Otra foto, espectacular, es la que refleja cómo era la actual zona del Temple antes del hotel que le dio nombre. Cuando a un lado de la avenida de Portugal estaba la finca del Belga, hoy parque municipal, y al otro una serrería y el solar donde acampaban los circos. Plataforma cuyos taludes caían hacia la vía férrea de la Renfe. Taludes donde los niños del Dólar encontrábamos fósiles a veces, porque el pequeño desmonte estaba cubierto por materiales carboníferos de desecho, allí amontonados.
La tercera foto simbólica es la de la avenida de España vista desde su final junto al puente de los trenes. A la derecha, esquina con la plaza de Fernando Miranda aparece la casa en la que vivíamos mis padres y hermanos. En el cuarto piso, el que tiene las sábanas en el tendedero. En aquellas sábanas habría dormido yo días antes. En aquella laxitud en blanco y negro; en aquella ciudad fundacional y tan lejana ya. Pero que vive en nuestros corazones de niños observadores y líricos. Porque fue en aquella geografía fronteriza entre el pavés y el suelo de tierra donde descubrimos la vida en su parte más ingenua y perdurable; más profunda y sencilla.