Diario de León
Publicado por
PANORAMA Fernando Jáuregui
León

Creado:

Actualizado:

E mpieza a oír uno demasiadas voces que aseguran que, en el fondo, parece que se puede vivir sin Gobierno. O con un Gobierno en funciones, que viene a ser lo mismo, especialmente si ese Gobierno se niega a comparecer en el Parlamento para ser controlado. Claro que ¿qué se puede controlar de la actividad de un Ejecutivo que no puede aprobar leyes, ni tener iniciativas y que, en sus salidas al exterior, depende de lo que digan Merkel y los ‘cabezas de huevo’ de la eurocracia?.

Bueno, el caso es que ya hemos conseguido, en esta era de inoperancia política, varios hitos: enfrentar al Ejecutivo con el Legislativo y, de paso, también un poco con el Judicial, que hace los deberes a trancas y barrancas, ganándose acusaciones ‘sotto voce’ de los partidos de que los magistrados planifican, con mala uva política, los tiempos de los ‘estallidos’ de casos de corrupción que pertenecen al pasado. Otra cosa que vamos logrando en este período de locos es desgastar la imagen del rey, que aparece como atado de pies y manos por una Constitución que hace años debería haber sido reformada: ¿qué debe hacer el Monarca? ¿Una nueva ronda de consultas? ¿Esperar a que alguien llegue a un acuerdo con alguien para que alguien pueda resultar investido gracias a alguien? Haga lo que haga el jefe del Estado, alguien acudirá a lapidarle. Maadre mía...

Pero hemos logrado, con esta capacidad nuestra para innovar en política, un tercer hito: acentuar, y mira que era difícil, el pasotismo de los españoles respecto de la política y de quienes la representan. Y, entonces, claro, el contribuyente y elector de a pie se vuelca en los chistes y en la indignación en las redes sociales —que parece que reemplazan a los manifestantes de la Puerta del Sol el 15-M— y pasa muy mucho: ya veremos, en el caso, que parece cada día más creíble, de que se repitan las elecciones, cuántos de los votantes que acudieron masivamente a las urnas en diciembre se quedan en casa, diciéndose a sí mismos: «total, ¿para qué?». Porque no hace falta que le jure a usted que, como decía al comienzo de este comentario, cada día hay más gente que te dice que las panaderías siguen abiertas, los bancos siguen funcionando, lo mismo que las escuelas o los centros de salud. Y entonces ¿para qué votar a quienes se constata que crean problemas, en lugar de solucionarlos? ¿Para qué decía usted que servía tener un Gobierno?

No podemos, ni debemos, ni querernos acostumbrarnos a ser una nación en funciones que no funciona. Lo malo es que hay quienes ya se marcan horizontes de parálisis —excepto en lo que se refiere a una posible campaña electoral— hasta, por lo menos, septiembre. Que sería, elecciones mediante, cuando acaso se formaría un nuevo Gobierno... El problema son las consecuencias, por cierto, que aún no hemos acertado a calibrar en toda su dimensión.

tracking