Diario de León
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PANORAMA diego carcedo
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P or si la yihad, los refugiados y la crisis fuesen poco, también la extrema derecha se suma a los problemas que ya tenía Europa. Nunca, desde las grandes guerras al menos, ha estado quieta, pero ahora todo invita a pensar que vuelve a levantar la cabeza con fuerza. Incluso en Polonia y Hungría, donde están gobernando partidos afines, resurgen movimientos ultras y neonazis que exigen políticas racistas que ya parecían olvidadas por la mayor parte de los ciudadanos europeos.

Lamentablemente, las tres grandes preocupaciones en que se debate la política de la UE contribuyen a estimular y darles argumentos a los energúmenos que con sus cabezas rapadas, esvásticas, porras, navajas y frecuentemente al grito de «Heil Hitler», intentan sembrar el miedo en las calles, agredir a quienes desprecian por sus creencias o por el color de la piel, y convierten en agresiones su habitual antisemitismo e intolerancia. Estos días su atención está en Bruselas, escenario de los últimos atentados.

El domingo provocaron graves incidentes en la plaza de la Bolsa atacando a una manifestación pacífica en contra del terrorismo y para el próximo sábado Generación Identitaria, con ramificaciones internacionales, ha convocada una concentración en el barrio de Molenbeek —con mayoría árabe y cuna de muchos yahadistas— reclamando la expulsión de los musulmanes. Se espera que cuente con la presencia de neonazis de diversas procedencias. El Gobierno belga, que no consigue encarrilar una situación que se le ha ido de las manos, no oculta su preocupación Ningún país de Europa está libre de la amenaza de estos temidos exaltados. Se calcula que hay varios millares de partidos, bandas organizadas y grupos ultranacionalistas que defienden la supremacía de la raza blanca, odian a muerte a los judíos, niegan el Holocausto y rechazan la democracia y la libertad. En España las fuerzas de seguridad tienen localizados más de 250 grupos violentos, de ellos cincuenta considerados peligrosos.

El tradicional rechazo que la extrema derecha y sus variantes —como Pegida en Alemania y Amanecer Dorado en Grecia, pasando por el FN en Francia—, muestra contra los refugiados y emigrantes se ha centrado en los últimos tiempos en la islamofobia y negrofobia con insultos y agresiones contra las personas y sus instituciones. En Madrid, sin ir más lejos, el sábado unos skinheads atacaron con bengalas la mezquita principal de la capital.

Se trata de una amenaza cotidiana que aparece en partidos de fútbol, en conciertos de jóvenes afines a estas ideologías, en ciudades y pueblos y sobre todo en las redes sociales, que les proporcionan una vía de comunicación y propaganda muy difícil de frenar. El problema de la extrema derecha violenta no es nuevo ni puede equipararse al terror yihadista, pero va a más y hasta hay quien lo aplaude.

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