Una hora menos
A vanza embozado abril con la primavera amortajada por las corrientes de marzo, cuando ya se anuncia mayo en las torrenteras que se arraman a borbotones monte abajo. Aquí esperamos a que aquello que los números no equilibran lo cuadre la verborrea de los que en la vida han ganado un póker con dos sietes, los que ni siquiera saben cómo repartir una baraja de las que vienen marcadas de mano con líneas rojas de no pasarás, aunque al final lo harán agarrados por la pechera. En ese clima nos acecha la astenia sin Gobierno ni concierto, tan adolescentes como el mes en curso, cachondos la mitad del tiempo y aburridos el resto, hasta que nos topamos con la dimisión de José Manuel Soria como si recibiéramos un giro con las deudas sin cobrar de los últimos cuatro años y medio. Vaya fiesta si hubiesen mandado dinero. Pero poco hay que celebrar cuando la resaca nos abre los ojos para que veamos cómo no queda nada que salvar en el fondo de los pozos.
No hay nadie con quien abrazarse. Menos aun con aquellos que han secundado al ministro en sus coartadas y le han dado sus votos en el Parlamento; esos que ahora aprovechan para que parezca que el aspirante a vicepresidente, como ex alcalde de Las Palmas, era una isla en mitad del PP; quienes quieren que creamos que él solito cerró las minas. Para que nos quedara claro que aquí en León su partido no ha tenido nada que ver, el jueves por la tarde, con todo ya decidido, a Soria le mandaron al motorista, en forma de tuit, firmado por quien más experiencia tiene en cobrarse cadáveres políticos. Luis Aznar se despachó sin rubor con una sentencia en la que reclamaba la dimisión como si no hubiera tenido tiempo y motivos suficientes en toda la legislatura. Ya se sabe que siempre tira la primera piedra quien se dedica a ello.
No nos engañemos. Al canario no se lo cargó el grisú, ni su política energética errática, ni las concesiones serviles a las eléctricas por mucho que las enmascarara después, ni la guerra sucia con la que ha dilatado el pago de las ayudas a las mineras, ni la ausencia de defensa del futuro del carbón ante el empuje de Alemania en la UE. Soria cayó por evasión de impuestos, porque no pudo armar bien la explicación semántica sobre sus sociedades en Panamá y Jersey. Cuando le dijeron firma aquí, pensó que era un admirador que quería un autógrafo; quizá uno de esos mineros a los que menospreció con sus insinuaciones sobre prejubilaciones millonarias. Se va Soria. Deja tras de sí una hora menos en las cuencas mineras.