Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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Ni Valle Inclán, estirando al máximo su sentido del esperpento, podría superar el dibujo de la realidad actual de nuestro país. Subiditos de moqueta y dogmatismo no pocos, algunos también de los que llaman nuevos, vocean sin desmayo a la luz de flashes y platós todo tipo de miserias y acusaciones y esconden mientras tanto los verdaderos problemas bajo las alfombras. Todo en nombre del interés general. ¿De qué interés general hablan, tan alejados de la ciudadanía como están? El dogmatismo, uno de los endémicos males nacionales, entorpece siempre el camino y la evolución de los pueblos, por más que algunos intenten disfrazarlo con los ropajes del sacrosanto sentido del deber patrio, que uno piensa que lo han situado en las cercanías del ombligo y sus proximidades. «Razones objetivas», argumentan por estos lares, para contradecir impunemente promesas incumplidas y opiniones mayoritarias. Y piden, qué curioso, el grito de todos a una, como Fuenteovejuna, para llevar a cabo proyectos nunca expuestos cuya viabilidad, además, es legítimo poder poner en duda. A los argumentos por cojones la ciudadanía tiene que oponer argumentos por razones. De lo contrario, esta tierra, ya en vías de, acabará disolviéndose como un azucarillo, histórico sí, pero azucarillo al fin y al cabo. Los hombres-foto piensan que somos pordioseros de sus favores.

A toda esta perversión del lenguaje y sus consecuencias se añaden, en catarata continua y creciente, las trampas de los dineros poderosos que parecen no ser trigo limpio. Un escándalo detrás de otro y otro…, que, entre otras cosas, pone en entredicho la valoración de nuestro país en el plano internacional. ¿Será nuestra nueva marca? Mal que les pese a estos sinvergüenzas cuya maraña de artificios dinerarios –avaricia pura y dura- es el norte que les guía, este es un gran país en el que, en todo caso, deberían tener difícil acomodo ético quienes, como estos pillos de la trampa insolidaria, se empeñan en añadir páginas y páginas a la enciclopedia de la infamia. Lo más doloroso, sin embargo, es su actitud, siempre dual y confusa, con visiones no pocas veces apocalípticas. Apelan permanentemente, desde el púlpito del falsete ético y moralista, a la obligación colectiva que mantenga el entramado social. Ejercen lo que critican. Y después… ¿Hasta cuándo esta repugnancia ética pretende seguir insultando y vejando la inteligencia de quienes asistimos, atónitos, al espectáculo del bochorno?

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