Multitarea
Q ué cosa curiosa es que estemos dejando de ser personas antes de llegar a descubrir lo que realmente significaba serlo. Hoy, y cada vez más, se es para y se es por algo, no se es en sí. Aún más: se es con objeto de cumplir múltiples y muy dispares cometidos, porque uno de los grandes descubrimientos de la gran empresa contemporánea ha sido el de entender que un solo ser humano resulta relativamente capaz de sacar adelante no uno sino un sinfín de trabajos o microtrabajos, de tareas menudas o ingentes, de labores que antes hacía un jefe, dos o tres empleados, una secretaria y, a mayores, el mozo de los recados.
En la antigüedad pasaba el hombre la vida soportando yugos tremendos pero únicos, y sólo así producía maravillas hoy impensables como las pirámides de Egipto, la muralla china o el bocage tradicional europeo, con miríadas de trabajadores en modo monotarea (ya después de los latigazos podían dedicarse a sus mitos y cuentos, al bálsamo de la fantasía). Pero hoy el tendero es tendero, contable, publicista, gerente de eventos y relaciones públicas; el agricultor, agricultor, administrativo, albañil, mecánico y veterinario; y casi todos, además de currelas, también consumidores y usuarios de ocio, educadores, gastrónomos, bricomaníacos, expertos en viajes y aventuras, propagandistas a través de las redes sociales y, en fin, gente sometida a las mil presiones para estar a la última incluso debajo de las sábanas. En todas las esferas, hasta las más íntimas, se pide flexibilidad. Es el látigo de nuestro tiempo.
Y posicionamiento. Hoy no basta con ser o hacer, hay que posicionarse. Da igual lo que realmente seas, lo que vale es cómo te perciben sobre todo en el ciberespacio, ese otro mundo que de día en día gana terreno al real. Sucede con especial incidencia en los medios, cuyos dueños saben mucho de la multitarea. Casi más que la verdad, explicar la vida que ocurre y significa, cuenta posicionarse, lenguaje seudomilitar, tiempo de estrategias y campañas, y, a pesar de tanto mantener la posición y convertirnos en Airgamboys descabezables, o precisamente por eso, muy negros nubarrones se ciernen sobre el sector. Se ve que entendieron al revés aquello de «hombre de muchos oficios… da muy pocos beneficios».