Diario de León
Publicado por
LA GAVETA CÉSAR GAVELA
León

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S i yo fuera alcalde de Ponferrada, haría algo. Porque la gente dice por ahí, con notable unanimidad, que no se hace nada. Que después de casi un año de nueva corporación, no hay nada que recordar, que aplaudir o que criticar. Ninguna decisión. Como si la urbe hubiera sido devorada por una mezcla de tedio y ruina, de apatía general. Es posible que quienes dicen esto exageren un poco. Pero la verdad es que uno no recuerda ninguna iniciativa ilusionante –horrendo adjetivo que aborrezco y que traigo aquí para eso, para aborrecerlo aún más. Tampoco parece haber iniciativas no ilusionantes. No hay nada, o muy poco.

Ahora bien, ¿se podría hacer algo? Se supone que sí, aunque está claro que las dificultades económicas son graves y condicionan mucho la labor del consistorio. Pero los políticos también están para alegrar los corazones y para convocar esperanzas. O simplemente para solucionar problemas menores y cotidianos, lo que agradecen mucho los vecinos. Desde el encintado de una acera hasta un jardincillo nuevo a instalar en un barrio periférico.

Está claro que los grandes empeños de la ciudad o ya están realizados, o son inviables hoy por hoy. O eso nos dicen. En todo caso, es evidente que ya no estamos en los tiempos cruciales de López Gavela (Los parques de Cuatro Vientos, del Belga y la Puebla Norte, el alcantarillado, los grandes equipamientos jurídicos y culturales, el encauzamiento del Sil, etc.), ni tampoco en los tiempos optimistas de Ismael Álvarez (el sorprendente embellecimiento de la urbe, la Rosaleda, el Toralín…), ni en los ricos tiempos de López Riesco (el puente del Centenario, la mejoría de las barriadas, el parque de la Juventud…), ni siquiera en los tiempos breves de Samuel Folgueral, cuya inusitada corporación al menos fue capaz de transmitir actividad, aparte de protagonizar el mundial de ciclismo (y sus avatares contables).

Necesitamos algo nuevo. Y pienso ahora en potenciar la otra Ponferrada, la misteriosa. Esa parte del término municipal que no vive en la capital del Bierzo y sus alrededores agrícolas e industriales. Me refiero a la geografía local que se sitúa a mayor altitud que la que demarcan los ríos Sil y Boeza. La original, hermosa y muy sugerente tierra que se llama Los Barrios de Salas, el visigodo Compludo, la ribera del Oza, el mágico San Pedro de Montes y la fascinante Peñalba y su valle del Silencio. La Ponferrada remota de las aldeas escondidas en la falda de los montes Aquilianos. Ese mundo existe y debería ser potenciado como lo que es: un sensacional manjar para turistas cultos, para viajeros que anhelan la profundidad y el secreto. La belleza más intensa y medieval.

Podía ser una idea. Aunque seguro que hay decenas más. El asunto está en empezar. En mirar hacia delante. En salir de la inanidad. Seguro que no es fácil, pero ya resulta imprescindible.

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