Diario de León
Publicado por
FRANCISCO J. LóPEZ RODRíGUEZ Profesor
León

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L a gran estafa americana es una película que está basada en un famoso caso de corrupción que conmocionó a los Estados Unidos en la década de los 70 y en el que estuvieron implicados mafiosos y políticos.

Los personajes, los diálogos, las situaciones aspiran a la complejidad, pero todo es vacuo, falso, manierista y aburrido Consiguió diez de las nominaciones al Oscar y le han otorgado varios Globos. El director es David O ‘Russell. Los críticos le profesan veneración. Es ambicioso, muy personal. Cuenta historias a su manera, a su gusto. Cuenta historias que se dirigen a un público determinado, para que le escuche, le alabe y le venere.

Todas las ambiciones son legítimas. Pero tiene un afán de sorprender, de cautivar, de engañar. En La gran estafa americana tengo la sensación desde las primeras secuencias de que el estafado voy a ser yo. Retrata a una pareja de estafadores profesionales, obsesionado él con su peluquín y con su ciclotímica esposa y ella fascinada por la extravagante seguridad de este y manteniendo un romance paralelo. Todas esas ambiciones son legítimas, a condición de otorgar interés y credibilidad a tus historias y a tus personajes. Nos preguntamos ¿por qué ha conseguido tantas nominaciones? Hay una razón evidente: los medios de comunicación se posicionaron a su favor. El excéntrico director cayó bien. Se dirigió a quienes sabía que eran sus mentores. Estos se dejaron fascinar y el resultado fueron los galardones.

Estamos en un tablero político antes del 20-D y después de las elecciones para conseguir un Gobierno que tiene los ingredientes de la película americana y que nos manifiesta a diario el esperpento valleinclano de don Ramón.

Los egoísmos, las sillas, los puestos, los emolumentos que se pagan por no hacer nada. Las ansias de poder, los trepas, los vagos, los que nunca trabajaron, el desecho social entró en la política. No hay país en el mundo salvo, Venezuela y algunos africanos, con más barriobajerismo que los políticos españoles. Estos politiquillos, por llamarles de alguna manera, no tienen sentido de Estado, ni de patria, ni de nada. Sólo les importa el poder, el dinero, colocarse para toda una vida sin marcarla.

Si acceden al currículo de la mayoría de ellos, no han trabajado nunca. Algunos pasan por la Universidad y dicen que son profesores. Sí, han podido dar clase, pero ni son catedráticos, ni profesores titulares, ni nada. Fueron contratados como asociados. ¿Saben qué significa ser presidente del Gobierno, aunque sea por un día? Tratamiento de presidente, apoyo diplomático en sus viajes al exterior e infraestructura a su servicio, con funcionarios a su cargo, seguridad, coche oficial y sueldo vitalicio. Es, en síntesis, lo que le queda a un presidente del Gobierno cuando abandona La Moncloa. Una dotación para gastos de oficina y de inmuebles. Se pondrá a su disposición un automóvil de representación con conductores de la Administración del Estado. Disfrutarán de libre pase en las compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado. El Decreto fue modificado por Zapatero y hace extensivo los privilegios al cónyuge y también a la viuda o viudo.

Aquí no se quiere formar un Gobierno de progreso. Lo que pretendo es progresar yo. Aquí no se trata de reformar la sociedad. Aquí se trata de cambiar yo. Aquí no se trata de dar una ayuda a los desempleados. Se trata de que el pueblo lo crea y me voten a mí, para que viva muy bien. De no tener un duro en el bolso a ganar cinco mil euros al mes o más y una pensión de por vida para mí y mi compañera o compañero de fatigas.

Pero ¿qué es un Gobierno de progresistas? Es una bufonada de troleros. En este país no hay que hacer un gobierno progresista, lo que hay que impulsar es el progreso de la sociedad. Hay que impulsar a la empresa. Hay que impulsar proyectos para los desfavorecidos. Hay que ayudar a los desvalidos. Hay que combatir el desempleo. Hay que ayudar a muchas familias.

No se conoce en el mundo un gobierno extremista en el que el pueblo se haya desarrollado.

La democracia en España es torticera ya que los aprendices y los pícaros hacen de ella una parcela a su medida. Prometen barbaridades ¿Se cree al que dice la verdad sincera? No. Se cree al comediante, al farsante, al engañiflas. Son auténticos expertos en el tocomocho. Porque a quien engañan, en general, son a los ignorantes y a los desvalidos. Esto me recuerda un hecho verídico: Un comercial, bueno, un estafador, vende un curso de informática a un pastor que era analfabeto. Esto es lo que aquí está ocurriendo. Me disculpen los conversos, no analfabetos, que votan a estas bandas, porque están hartos de la corrupción y de la mafia. Y más, la tragedia de Pedro, cual Tenorio, se dirige a Pablo: ¡quiero la presidencia, señor! Ya, y yo la vicepresidencia y el CNI y la Televisión Española y el Ministerio de Defensa y el referéndum de Cataluña. ¡Pablo! ¡Que quiero ser presidente!, porque si no, a ¿qué me dedico?

Y los demás comediantes que son capaces de llegar al esperpento. Una diputada por Canarias ha dicho que las islas, deben quedar libres del ejército. El Ayuntamiento de Manresa, gobernado por la CUP, quiere aprobar en Pleno que las mujeres no usen compresas ni tampones, que usen esponjas o trapitos, como nuestras abuelas. La alcaldesa de Barcelona, desprecia al Ejército... El tal Kichi, alcalde de Cádiz, recibe al Gobernador de Gibraltar en vaqueros y camisa. La Rita Mestre, asalta capillas, luciendo sus encantos. Oltra, en Valencia, hay que reformar la Constitución para que la Comunidad sea territorio independiente... El tal Zapata, concejal de Madrid, insulta a Irene Villa...

¡Ciudadanos de este país! Pensemos en España. Pensemos en la Patria. Lo demás es: una gran estafa. Y luego, el pueblo no se lamente por dejarse estafar.

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