Agua de mayo
H abría que tener mucho cuidado con los que entran, sea del partido que sean, porque luego no quieren irse. IU y Podemos han cerrado un pacto cuyas ventanas están entreabiertas para que puedan entrar y salir los que tengan más prisa. Los pactos son no sólo necesarios, sino convenientes. No se están disputando ideologías, sino escaños. Cuando Carlos Marx escribió El manifiesto comunista, que se publicó en alemán en vísperas de la Revolución de 1848, no tenía casi nada que comer después de escribir 20 horas al día para explicar el sistema donde pudieran comer todos. Fue un mártir de sus creencias, pero llevó el martirologio a medio mundo. ¿Se habrán asomado de verdad a sus textos estos revoltosos muchachos que han cerrado un pacto por el dominio de la izquierda? Benditos pactos, ya que las palabras, aunque sólo están escritas, son las únicas armas que no precisan licencia en las naciones civilizadas.
Ambos desiguales grupos van a compartir un programa de mínimos, pero se disponen a hacer un máximo esfuerzo. Lamentan los comunistas de verdad ser absorbidos por la mentira, propaganda, pero desean ir juntos a las elecciones para arrebatar al PSOE la hegemonía de la izquierda. Mientras, sigue cayendo agua de mayo, que según el refranero hacer crecer el pelo, incluso el pelo de la dehesa de los que van a las manifestaciones sin haber leído el manifiesto de don Carlos, ni siquiera las declaraciones más o menos diáfanas de don Pablo Iglesias. «Turbias van las aguas madre, turbias van, más ellas aclararán», se lee en nuestro romancero anónimo. Siempre que ha llovido ha escampado y siempre que ha escampado ha vuelto a llover. No hay que desanimarse nunca porque para eso están los otros y si se nos cae el alma a los pies debemos agacharnos para recogerla. Nadie nos ayudará ni a eso, ni a meterla luego en nuestro armario.