Diario de León
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león en verso luis urdiales
León

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L a tribu es el concepto de relación social más extendido de cuantos dominan las relaciones en las horas previas al adviento del planeta gulag, que renace de las cenizas que dejó más allá de Berlín Interior, también grupo musical leonés que escribía estrofas pegadizas con finales agudos, con la entonación y el acento de toda la vida, nada meloso y ambiguo que se ve al oeste del Manzanal, y mucho más en el poniente de Piedrafita, en las antípodas del concepto esdrújulo que puso de moda más tarde Zapatero, seguro que con el ánimo de alargar los discursos tanto como los proyectos que nunca veían el final (salvo el Inteco y la LE-11). Las tribu leonesa más amplia se distingue como los paletos por parte de otra tribu que acampa en el llano castellano y tiene asumida la misión de partir impuestos y repartir la recaudación; y, como es sabido que quien parte y reparte se lleva la mejor parte, a este lado de la valla sur del asentamiento tribal de las tierras del norte no hay empleo, ni expectativas para las jóvenes generaciones desde más allá del primer curso de la enseñanza secundaria obligatoria. A esa edad tierna, la realidad ya golpea las paredes de la conciencia de los chavales, que empiezan la cuenta atrás para la salida que les queda: petate, carretera y manta. No hay puentes entre las riberas de las tribus, en otro detalle de involución al que se ha conducido a la sociedad a medida que creía que avanzaba hacia el desarrollo; de tal forma, que la tribu no deja opción de trasvase, ni de marcha atrás. Mueres entre la tribu que te vio nacer. De pobres de recursos limitados, de pobres resignados, pobres emprendedores que nadan y nadan hasta fenecer en la orilla; pobres que se creen ricos y pobres, al fin, confundidos por aquel momento vanal en el que los fondos Feder lo llenaban todo, incluidas carteras y cuentas corrientes. La tribu también es celosa y no suele conceder oportunidades para sumarse a otro clan, trascender a la propia cabila. Sólo conozco el caso de la Liebre, que desclasifica expedientes los domingos en esta tarima, al que deposité a la puerta de casa un amanecer de san Juan con la camiseta del Villarreal y el 10 de Pablo Aimar a la espalda, y volvió a la redacción con la zamarra del Real Madrid calada hasta las entrañas; así fue como descubrimos la famosa tribu del psiquiatra. Pero eso ya es harina de otro costal.

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