Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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Pese al cargante escaparate que ofrece normalmente la programación televisiva, fiel reflejo de esta sociedad de tono chillón y folletinero, existe alguna notable excepción como El Caso, que nos remite a aquella España franquista donde todo era gris, pues el color resultaba casi antipatriótico. Allá en la posguerra nació el periódico inspirador de la serie, consagrado a repasar los sucesos y vicios crapulosos de un país saturado de prohibiciones. Con certero bisturí, sus responsables y protagonistas recrean el ambiente de la época y las patologías criminales características por su primitivismo y brutalidad. La violencia de la miseria, algo habitual entre gentes quebradas por la indigencia y la desesperanza más absoluta, fue capaz de moldear un submundo compuesto por golfos de todo pelaje, cuyos márgenes estaban ocupados por zánganos de diferente condición, quinquilleros, mendigos, feriantes de navaja fácil, licenciados en gramática parda y otras gentes de mal vivir. Un vivero de maleantes y tipos escaldados en muchas bañeras, acostumbrados desde la infancia a saltarse las leyes a la torera.

Aprovechando el éxito popular de la teleserie, un grupo de emprendedores ha puesto en circulación un semanario que viene a ser la versión actualizada de la mítica publicación de sucesos. Y para aumentar el gancho de la oferta, se incluye con cada entrega un facsímil de los tiempos heroicos, sembrado inevitablemente de quebrantos domésticos y espantosos sucedidos de sangre. El delito, como los redactores de El Caso, nunca dormía. Y así, documentando el morbo, revivimos la historia del enloquecido sastre afincado en la calle Antonio Grillo, de Madrid, que mató a puñaladas y martillazos a su esposa y cinco hijos, mostrando a los vecinos los cuerpos por el balcón. O los ponzoñosos tejemanejes de Pilar Prades, la última mujer ajusticiada en España por envenenar a las señoras con las que trabajaba como empleada doméstica, una demasía que paralizó de espanto a los españolitos. de a pie. En definitiva, el bajo vientre de la vida puesto al descubierto en su versión más descarnada.

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