Diario de León
Publicado por
MARINERO DE RÍO EMILIO GANCEDO
León

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L a imagen que lo dice todo no es la de Obama y familia pisando la patria de Martí y de Compay —curiosa la foto del Air Force One tocando tierra caribeña sin un intento de invasión por medio— ni la de los Rolling armándola parda sobre el escenario —a ellos les da igual La Habana que Bakú, lo mismo Juana que su hermana— para justo alborozo de sus seguidores isleños. Ni tan siquiera el desfile de Chanel, airoso en lentejuelas y vanidades por un Paseo del Prado siempre cálido y perfumado de ceibas aunque no lo pise Gisele Bündchen. No, la imagen más gráfica y poderosa de estos momentos de cambio en el país esmeralda la tuvimos al contemplar la penetración del crucero Fathom en la terminal —sublime ironía— ‘Sierra Maestra’ del puerto de La Habana. Uno de esos barcos colosales, de esas ciudades flotantes que eclipsan con sus proporciones los palacios de Venecia y los templos griegos, entraba izando orgulloso la bandera de la paz y de los dólares.

Y eso será Cuba. Una marca comercial, una franquicia, un negocio redondo a base de playa, mojito y nalga respingona cuyo balance ya está siendo cuadrado en los rascacielos de Miami y Los Ángeles. El sonido de las manos frotándose y el de los alegres timbres de las cajas registradoras se escucha hasta en Astorga. Salió mal lo de Cochinos y ahora el astuto Tío Sam inicia la envolvente por otro lado con el aplauso general del mundo.

Uno contempla el barco inmenso, el acorazado de guerra disfrazado bajo blanca piel de cordero y se pregunta: ¿Tan oculto estará el término medio? Ahí tenemos un país hermano ahogado entre la necesidad de disfrutar de libertades civiles y políticas, por un lado; y un criminal bloqueo comercial por el otro. ¿Será la solución dejarse caer en el sumidero de ese turismo carnívoro y sin control que todo lo engulle, devasta y uniformiza? Lo glorioso de Cuba, lo que corre peligro, era y es el hecho de toparse con un mundo —de sereno, cortés y palpitante humanismo— que uno ya creía muerto y sepultado, aunque el precio a pagar por parte de población haya sido bien elevado. ¿Y blindar democráticamente los logros de la Revolución, eliminando sus defectos? Ni sucursal yanqui ni desván de la historia. Y que no tengan que elegir los cubanos entre la bolsa y la vida.

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