Diario de León
Publicado por
panorama Victoria Lafora
León

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S i se cumplieran los pronósticos de la última encuesta de CIS, el PSOE, indudablemente el partido que sale más perjudicado, tendría que optar por facilitar un gobierno de PP más Ciudadanos, absteniéndose, o facilitando, con su participación, un gobierno de Unidos Podemos. O sea, tendría que elegir entre el susto o la muerte. Mala cosa. Y es que los electores, a tenor de los datos de la citada encuesta, le dan un auténtico y sonoro varapalo a uno de los dos partidos que más hizo por lograr la formación de un Gobierno. Y al otro, a Ciudadanos, lo dejan más o menos como estaba. Así, de manera realmente difícil de entender, la ciudadanía premia a los partidos que, a todas luces, apostaron por la repetición de las elecciones, bien optando por la inacción, como hizo Mariano Rajoy, bien utilizando un tactismo que, aunque parezca mentira por la zafiedad con que se llevó a cabo, ha logrado cumplir con creces su objetivo: el tan traído y llevado sorpasso .

La jugada no ha podido salirle mejor a ambos extremos del espectro político. Pase lo que pase, Podemos pasaría a convertirse en el gran referente de la izquierda española; dando por hecho que Izquierda Unida desaparecería, engullida por los recientemente autoproclamados como «nueva socialdemocracia». Y el PP tendría todas las de ganar, o sea, las de gobernar, con el apoyo de Albert Rivera y la más que probable abstención del Partido Socialista. Por aquello del susto y la muerte.

A esta altura de la película, en el PSOE ya deberían tener claro que uno de los errores de Pedro Sánchez fue su obcecada y reiterada negativa a dar, tanto a Rajoy como al PP, la más mínima oportunidad con aquel «no es no». Frase que le convirtió, a ojos del electorado moderado, en obstruccionista, cuando quería ser posibilitador.

Cosa bien distinta habría sido negársela a Rajoy pero no al PP, dejando así una puerta abierta. Y como, sin duda, Rajoy se habría negado a abandonar el mando, ni aun por patriotismo, ante los ojos del electorado pasaría a ser el culpable del desacuerdo. El culpable de que la puerta se cerrara. El caso es que esa posibilidad sigue hoy vigente. Si, como pronostican las encuestas, el PSOE sigue siendo el partido bisagra necesario para formar Gobierno, la exigencia del abandono de Rajoy a cambio de su abstención, podría dar al traste con la estrategia del presidente en funciones, haciendo que el susto, y no la muerte, fuese el mayor de los males del PSOE, que no de Pedro Sánchez.

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