Diario de León
Publicado por
RÍO ARRIBA MIGUEL PAZ CABANAS
León

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L a selección española ejecuta un partido delicioso, memorable, lleno de armonía y belleza, como cuando ganaron el mundial de Suráfrica. ¿Y si desde la Federación, en aras de despejar cualquier sombra de sospecha, se hubiese mandado para casa al portero? Fábregas lanza un centro medido y Morata cabecea con inteligencia a la red: un golazo que me pone en pie y que celebro entusiasmado con mis colegas. ¿Podría el marqués bigotudo haber pronunciado con voz solemne aquello de «Más vale honra sin barcos que barcos sin honra»? Iniesta, que según todos los comentaristas está desplegando en el torneo un fútbol exuberante, se la cruza a Nolito y éste, casi en escorzo, engaña al cancerbero turco. Se oyen los primeros cohetes en las calles, los aficionados gritan desde sus domicilios «a por ellos», las plazas son una fiesta. En otras casas, más sórdidas, al parecer, algunos jugadores españoles, presuntamente convidados por un seleccionado, daban suelta a sus instintos más bajos en una orgía chusca y humillante. Un tipo apodado el «rey del porno casero» sometía a vejaciones extremas a muchachas rusas y ucranianas que venían engañadas a nuestro país. ¿De qué se trata, en realidad? Son jóvenes y guapos, con capacidad de seducir, pero gustan ir de putas: ¿Cómo quien va de vinos o invita a una ración de calamares? Valía con el dos cero, pero nuestros muchachos no cejan y nos obsequian con otro gol de tiralíneas, de nuevo el protagonista es un Morata pletórico. Al fondo se ve a nuestro portero con los brazos en alto. El otro, Iker Casillas, nos hace evocar tardes de gloria, incluso aquel beso inolvidable y pirata que le dio a su chica delante de las cámaras de televisión. Cuántas satisfacciones y momentos irrepetibles nos han dado estos jóvenes que llevan sobre sus hombros la camiseta de la selección española. ¿Contraen con ello obligaciones morales más elevadas, deben ser más escrupulosos y exigentes con sus conductas? Tenemos que contestar que sí: representan a un país, no a los hinchas que se congregan, dicho sea con el máximo respeto y cordialidad, alrededor de Manolo el del Bombo. Al final del partido los jugadores se abrazan y los comentaristas deportivos, con su histeria habitual, vocean su entusiasmo. En los próximos días ni una palabra en los telediarios sobre todo ese asunto bochornoso, sobre posibles responsabilidades éticas. En estas páginas, en un artículo valiente, Cristina Fanjul llama a las cosas por su nombre: va a ser que el fútbol es un espacio que concita lo peor de la especie humana. En las gradas los niños miran con ojos embelesados a sus héroes y en el césped, un cuervo que pasaba por allí, deja una cagarruta negra junto al banderín del córner.

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