De ideas y talentos
I talia no había presionado tan arriba desde que Giuseppe Garibaldi puso cerco a la Saboya, que hace casi tanto como cuando Mónica Vitti aportó lo suyo para renovar el patrón de referencia femenino. He ahí lo brillante de la idea, que se ensalza más cuanto más talento consigue someter. El talento y las ideas, en plural, a veces se solapan; de ese dúo sale la fuerza motriz del mundo, pero rara es la ocasión en la que comparten casillero en la alacena del conocimiento. Lo extendido, lo corriente, es que éstas se ceben con áquel, hasta inutilizarlo. Las ideas recientes más notables de la humanidad se basan en eso, en restarle espacio al ingenio, a la clarividencia. La célebre contra, que se cuela ya en todos los registros alentada por quienes andan retrasados en intelecto. Luego está la confusión endémica sobre la posibilidad de una vida saturada de ideas excepcionales que cayeron en tierra yerma por falta de fertilizante. Mentira. Ahí está el ejemplo de León, con trenes nutridos de talento desbordados de ideas que parten sin destino, con el perjuicio añadido de ese peligro fatal que se arrastra cuando no se sabe a dónde ir. La gente se forja en el miedo a las ideas; antes se temía a las de los barbudos igual que ahora se huye de los liberales, que se fundan en la libertad. La individual. A los niños se les vacunaba contra toda percepción ajena a las reflexiones que pastoreaban desde los púlpitos; y se enfatizaba el concepto troquelado del ingenio, el que inspiró el pasaje evangélico de los talentos, que carga la conciencia humana hasta el punto de hacerle vomitar todo lo que tiene por una supuesta concesión divina. De ahí que la gente esté dispuesta a huir, para no frustrarse ante la situación melancólica que genera ver tanto talento pudrirse a la espera de una oportunidad; una idea, aunque sea para defenderse. Sólo el evangelista adaptó mejor otro episodio al espejo leonés, cuando Jesús respondió a un acólito que las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Hace poco llegaron unos señores, casi chavales, con una oferta sensacional para la juventud; ideas frescas, dijeron, cargadas de futuro para todo ese entendimiento, ese talento. A tenor de las urnas, no cuajó el mensaje. Sobre esta cuestión, siempre acaba por imponerse aquel consejo paterno; que las ideas cuajan y el talento se acuna.