Diario de León
Publicado por
panorama LORENZO SILVA
León

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N o hay que dejarse engañar por las apariencias. Tras el 26-J el país sigue siendo muy difícilmente gobernable; ni los nuevos ni los viejos, ni la izquierda ni la derecha tienen mayoría; no hay un líder que pueda reunir los 176 diputados que hacen falta, a cara de perro, para sentar plaza en la Moncloa; por añadidura, el país se ha dividido en territorios y hasta en generaciones: el mapa electoral catalán (o el vasco) en nada se parece al mapa español y el voto joven y el voto añoso cada vez discurren por caminos más divergentes. Puede Rajoy, vencedor de las elecciones ante la derrota de todos los demás, presumir una y otra vez de haber ganado catorce diputados; lo cierto es que ha perdido más de cuarenta, respecto de las Cortes que le sentaron ahí donde sigue en funciones, y que le faltan ahora para poder renovar el puesto.

Dicho esto, algo ha cambiado. La sensación de que cabe apear del poder al PP de Bárcenas, Rato y Rita es mucho menor: ser el único que crece en votos desde el 20-D marca una tendencia a la que no es posible cerrar los ojos, y que en principio lo coloca como el mejor situado para encargarse del gobierno del país. La cuestión es si eso puede lograrse como parece pretender Rajoy: como él diga y mejor le convenga, siendo él quien lo encabece y con arreglo a su programa; y que para ello, alguno de los que se han comprometido una y otra vez en campaña a no apoyar su investidura le extienda una suerte de cheque en blanco que le permita seguir gobernando como si aquí nada hubiera ocurrido. Ha ocurrido algo: que nadie, ni Sánchez ni Rivera (de Iglesias ni hablamos), puede convalidar la acción de gobierno de Rajoy, pasada y futura, sin incurrir en un incumplimiento grave del contrato que les planteó a sus electores. La política es el arte de lo posible, y hoy por hoy, igual que antes del 26-J, resulta inviable que el líder del PP obtenga el apoyo que necesita.

¿Es ilegítimo oponerse a que presida el gobierno el candidato más votado? En democracia es legítimo todo aquello que respalde una mayoría parlamentaria. Y si hay una mayoría que le rechaza, e incluso si hubiera una mayoría que invistiera a otro, nada cabría objetar, en términos de legitimidad democrática. Otra cosa es que los adversarios del PP tengan la posibilidad real de sacarlo del gobierno. Hoy pueden menos que tras el 20-D. Es lo que trae llenarse de balón, o pretender que el país es lo que uno desea que sea, y no lo que realmente es. Que es lo que al final manda.

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