TRIBUNA
Las Médulas o el bosque de oro

V isitar Las Médulas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (1997), constituye un gozo y una profunda emoción. Se trata de la mina de oro más extensa del Imperio Romano, situada al oeste de la provincia de León en la comarca del Bierzo. He ahí un testimonio de la avaricia romana del oro en uno de los parajes más asombrosos y alucinantes del mundo. La extensión, como espacio natural protegido, ocupa más de 2.000 hectáreas que afectan a los municipios de Carucedo, Borrrenes y Puente de Domingo Flórez.
Confieso que había visitado este territorio aurífero en la década del 70 del siglo pasado, merced a la generosidad y entusiasmo de aquel personaje berciano: Ignacio Fidalgo, director ejemplar de la revista inovidable: Aquiana, nombre que hace referencia a una sierra de los montes bercianos. En dicha publicación se refleja, en buena medida, la historia, los afanes y reivindicaciones de esta tierra conquistada por los romanos en el siglo I de nuestra era, y que permanecieron en Bergidum unos doscientos años hasta el siglo II, fecha en que abandonaron la explotación del oro. Por aquella época, según el historiador Estrabon: «hasta ahora ni el oro, ni la plata, ni el cobre, ni el hierro en el imperio romano se han hallado tan abundantes y excelentes como en Hispania». De esta visión, Roma contempló posibilidades en El Bierzo. Y, en efecto, buscó minerales en su seno. De aquellas pepitas de oro que arrastraban las corrientes de agua, se verificó que en Las Médulas tenían contención o nacimiento; incluso antes de llegar los romanos, los nativos de la tierra: los astures practicaban el bateo en las arenas de los ríos, dónde extraían oro con el que fabricaban joyas para su lucimiento.
El emperador Augusto, conocedor de la existencia de oro en estas tierras bercianas comenzó la conquista de las tribus indígenas del noroeste de la península, un hecho que dió lugar a las guerras cántabras. Y una vez vencidas se iniciaron los trabajos colosales de la ingeniería romana para la extracción del oro. Curiosamente, el emperador Augusto introdujo el «aureo» en su sistema monetario para hacer frente a las necesidades del Imperio. La mina de Las Médulas nos recuerda la guía de la Junta de Castilla y León fue considerada, en la época augustana, la más grande a cielo abierto. En el momento actual, la Comunidad autónoma, y Consejo Comarcal del Bierzo son las instituciones garantes del espacio natural protegido y, asimismo del espacio cultural. Por otra parte, en 1931 Las Médulas, fueron declaradas Monumento Histórico Artístico sin apenas reglamentación. En los años 2002 y 2007, el ente autonómico con gran acierto reforzó legalmente este paisaje singular y único, tras la declaración como Patrimonio de la Humanidad.
De aquellas primeras excursiones arbitrarias y libres de senderistas y aficionados, se ha llegado, por fortuna, a crear un centro de visitantes con visita guiada. De esta forma, se canalizan esos grupos numerosos que visitan Las Médulas a lo largo del año, a fin de conservar el medio ambiente y los espacios protegidos. Según nuestra guía documentada: «el agua, el aire, la roca, los bosques y elementos tradicionales son valores insustituibles que precisan de todo nuestro cuidado». No obstante, destacó con verdadera emoción, que la espectacularidad del paisaje que podemos divisar, desde el mirador de Orellán, es el resultado de la mano del hombre. Es asombroso contemplar ese monte coronado de pináculos rojos, rodeados de floresta. Un monte fragmentado por las técnicas de explotación mediante el sistema «ruina montium», a través del cual el agua a presión introducida en galerías, excavadas previamente, deshacía literalmente la montaña arcillosa. Y de esta manera la gran cantidad de materiales estériles acumulados llegó, en su época, a taponar la salida natural de las aguas del valle, fenómenos que dio lugar a la formación del Lago de Carucedo. Como leyenda surgió la ‘magia aurea’, en cuyas aguas misteriosas la ‘Xana Carícea’ cautivó a un caudillo romano. Sobre el oro extraído de estas Médulas, existen diversas versiones, pero según nuestra guía, la más razonable es que se extrajeron unos 5.000 kilos en todo el período de explotación. Y para conseguir tal objetivo se removieron más de cien millones de metros cúbicos del interior del conjunto de los montes aquilianos. Se ha dicho también que entre Toral y Otero exisitieron antiguas explotaciones auríferas romanas. El testimonio es un canal descubierto que derivaba aguas del río Cúa. Así los confirman los cerros desmochados y terrenos levantados para extraer el codicioso oro con los trabajos de los nativos, e incluso con esclavos, según algunos historiadores.
Han transcurrido más de dos mil años de aquella presencia de Roma en esta hermosas tierras del Bierzo. Ya no se oye el estruendo originado por el quebranto del monte; ya no se cavan galerías, a luz de los candiles, para introducir agua embalsada para demoler la montaña arcillosa. Ahora se ha formado un sorprendente paisaje, diverso en su vegetación y su fauna. Ciertamente dominan los castaños multicentenarios, con figuras mágicas en sus troncos y ramas. Y sigue creciendo gratamente la encina y una variedad de árboles: robles, alcornoques, chopos, y asimismo monte bajo, el espino alvar, la genista... Todo ello forma un registro cromático pleno de belleza y armonía. Cuando se realizó esta visita veraniega aparecía un cielo azul purísimo, con sus pináculos rojos sobresaliente «agudos y encendidos», en palabras de Gil y Carrasco.
En resumen, se trata, ahora, de un bosque encantado, y alimentado, en sus raíces más profundas, con las partículas de oro que permanecerán eternamente en estas Médulas del ensueño. Siempre nos quedará un nueva ocasión para volver y contemplar este paraje único y legendario.