Diario de León
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LEÓN EN VERSO. LUIS URDIALES
León

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Qué sería de León sin las noches a la luz que dan las orquestas cuando el eco de la música rompe contra la oscuridad y las estrellas. Había que preguntarle a Cholo, a Cholo el de Cholo y Alquitrán, que aún brilla entre las veladas de cena y baile y verbenas, cuánta agua puede achicar una orquesta en un corazón inundado, cuánta ilusión puede arrancar un acorde acompasado desde el escenario. Y así comprender de forma adecuada el fenómeno ese que redescubrió a los leoneses en masa ante una atmósfera de melodías y jolgorio. Así que el recurso ya estaba inventado. El secreto está en la música, que amansa a las fieras y saca a los leoneses de casa. Pero no a diez, ni por docenas; ni por centenas. Por miles. Orquestalia es otro reto para los aficionados a analizar las querencias y gustos sociales; los que se creían caducados resulta que gestaban para aparecerse a otra generación, a la siguiente de la que toda la psicodelia que mamó consistía en rodar y rodar, de verbena en verbena, tras el rastro que siempre dejó en la noche de León la música de las orquestas. Las orquestas, que ya estaban ahí cuando echamos a Campanilla por la ventana, y alentaron ese tránsito de la pubertad a la madurez, de las espinillas a los besos bandoleros, en las noches de verano que obligan a crecer de sopetón entre la emoción de las voces celestiales que regalan las orquestas y llegar a casa treinta minutos después de la hora de levantarse. Ahí está la magia de Orquestalia, ahí todo el secreto del éxito de una convocatoria que dejó pequeña la ciudad en el programa principal de las últimas fiestas sanjuaneras. La esencia permaneció latente; sólo hubo que volver a por ella; no hizo falta inventar más. Esencia fue devolver la música a la calle, y dejar que el público fuera cómplice del momento. Otro de los instantes a guardar en el memorándum de estas fiestas pasadas lleva la firma de un músico, Álex Díez, que elevado en el escenario de la plaza Mayor recordó las oportunidades que concede esta ciudad, de artistas, escritores e inquietudes culturales, a quien se despierta en ella tras algunas noches fantásticas como la que posibilitó Cooper con sus canciones de amor y de verano. Nadie ha sabido hasta hoy sumar la cantidad de sueños que se alumbran mientras lo mejor que se puede hacer es seguir el compás de la música.

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