La cojera del Bierzo
E l Bierzo «es un niño que necesita apoyo», decía el 7 de marzo de 1991 el entonces consejero de Presidencia de la Junta de Castilla y León, César Huidobro, durante el debate que sirvió para aprobar La Ley de la Comarca en las Cortes autonómicas. La cámara estaba medio vacía, escribía la enviada especial de este periódico, Ana Gaitero, y el documento que sirvió para crear la primera comarca de Castilla y León legalmente reconocida apenas recibió treinta votos favorables de los parlamentarios populares y centristas, y dieciocho abstenciones de los socialistas presentes. Eso significa que sólo cuarenta y ocho de los ochenta y cuatro procuradores autonómicos asistieron a aquella sesión. No es precisamente una señal de entusiasmo.
El niño ya ha cumplido veinticinco años. Ha crecido —con la incorporación de Palacios del Sil, ejerce sus competencias sobre treinta y ocho municipios—, ha experimentado una reforma que ha reducido a veintisiete el número de sus consejeros, ha visto como se sucedían siete presidentes distintos, casi todos socialistas. Y sigue necesitando apoyo, la verdad, atrapado entre la administración local y la autonómica, en permanente reivindicación de competencias, de financiación propia, con algunos éxitos —la asistencia a municipios delegada por la Diputación, los servicios sociales que atienden a menores o a drogodependientes, indispensables, o los avances en la gestión de tratamientos selvícolas— y algunas asignaturas pendientes, como la ambicionada gestión única del paraje de Las Médulas, eterna fuente de conflictos con la Junta de Castilla y León, que no termina de concretarse.
«La meta debe ser que la comarca ande sin muletas», decía en 1991 César Huidobro. Mucho me temo que veinticinco años después, a punto de celebrar la constitución del Consejo Comarcal, seguimos caminando cojos. Y la causa no siempre hay que buscarla en la Junta de Castilla y León o en los ayuntamientos. La zancadilla a veces nos la ponemos nosotros; la semana pasada, sin ir más lejos, el Consejo lideró una manifestación por el futuro del Bierzo y sólo tres mil quinientas personas la secundaron. Y eso, en una comarca con doce mil parados, no es precisamente una señal de entusiasmo.