Diario de León
Publicado por
AL DÍA antonio Papell
León

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L as democracias no son en absoluto inmunes a las mentiras políticas. Ni siquiera los regímenes que han crecido en el mundo anglosajón a la sombra del protestantismo, con su aura puritana e integrista, se libran de ellas, que actúan como potentes armas electorales. Insidiosas y esencialmente inmorales, naturalmente.

Los defensores del brexit se han llevado la palma en esta materia resbaladiza que se ubica al extremo de la demagogia, ya en terreno de la falsedad. La mentira más abultada, que pudo escucharse en boca de Nigel Farage durante la campaña y que lució en la publicidad de los autobuses londinenses, consistió en asegurar que el Reino Unido enviaba cada semana 350 millones de libras a la UE, de modo que, al cesar esta sangría, se podrían destinar una buena parte de esta cantidad, 100 millones semanales, al sistema público de salud. Los contrarios al brexit se desgañitaron en el vano intento de desacreditar tal falacia. Y la misma mañana del viernes día 24 de junio, horas después d que se conociera el triunfo del brexit , el propio Farage aseguraba que él nunca había dicho todas estas cosas y que en todo caso la promesa había sido un «error».

Los partidarios del brexit prometieron que el Reino Unido tendría acceso al mercado único aun sin aceptar la libre circulación de personas, algo totalmente imposible según las reglas comunitarias. Aseguraron que la entrada de Turquía en la Unión Europea era algo ya convenido, por lo que los 78 millones de turcos irrumpirían en el Reino Unido de un momento a otro si no se cerraban precipitadamente las fronteras. Afirmaron entonces que el brexit supondría una bajada de impuestos, y en concreto prometieron eliminar el 5% del IVA en la factura de la electricidad, pero hay consenso en que la salida de la Unión Europea requerirá una clara subida de la presión fiscal. La lista es mucho más larga y no es extraño que la cola de los arrepentidos crezca día a día.

Así las cosas, las viejas democracias de todo el mundo deberían pensar en criminalizar la mentira. El político que, con conciencia de ella, realice promesas irrealizables o prometa lo imposible, debería responder de ello, no sólo en vía política, enajenando su crédito, sino también en vía penal

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