Papel clave de C’s
L a exigencia de renovación de la cúpula popular, planteada por C’s en las dos últimas campañas electorales como requisito sine qua non para cooperar con el PP, ha perdido fuelle tras las tendencias registradas en la última consulta con respecto a la del 20-D: un ascenso de este partido más de cuatro puntos, con 14 escaños más, y un descenso de casi un punto de C’s, con una bajada de ocho escaños. Rajoy debe mantener enhiesta su demanda de claridad y transparencia, lo que ha de desembocar en el máximo rigor frente a situaciones ambiguas en este delicado territorio. Pero el papel esencial de C’s, que habrá de aportar al PP la «mayoría suficiente» de los 169 diputados, ha de consistir, de una parte, en facilitar la gobernabilidad y, de otra parte, en negociar razonablemente el decálogo de propuestas que ha exhibido, y que es precisamente éste: recuperar 2.800 millones de la amnistía fiscal del PP exigiendo el 10% de lo repatriado a los defraudadores, que tan sólo pagaron el 3%; suprimir las diputaciones; instaurar el llamado contrato único (que ya se llama de otra manera) con indemnizaciones progresivas por despido para todas las nuevas contrataciones; reformar la ley electoral y la de financiación autonómica; suprimir los aforamientos de los políticos y los indultos para delitos de corrupción; aumentar el permiso de maternidad de 16 a 26 semanas; firmar un pacto nacional para la educación, lo que implica descarta gran parte de la ley Wert; impulsar un plan contra la pobreza infantil; y eximir a los autónomos de pagar su cuota cuando sus ingresos no lleguen al salario mínimo.
Lógicamente, el presupuesto de 2017 deber reflejar los acuerdos que se suscriban. Si no sólo se ponderan las grandes magnitudes macroeconómicas sino también los indicadores de la creciente e insoportable desigualdad de la sociedad española, se llegará a conclusiones menos amables sobre la ejecutoria hasta aquí, lo que justifica sobradamente que la nueva situación, impuesta imperativamente por la soberanía popular, represente un profundo cambio en el estilo de gobernar, mucho más activo, más receptivo y más dispuesto a sintetizar las opiniones presentes en el concierto de la policromía española. Ello ha de ser especialmente así en las autonomías, máxime si se piensa que el tándem PP-C’s necesitará objetivamente el apoyo del nacionalismo conservador para alcanzar la mayoría absoluta, necesaria en las principales decisiones parlamentarias