cartas al director
En la fiesta de los toros se muere de verdad
U na cosa es rechazar un espectáculo que no se encuentra entre tus preferencias y que está dentro de los gustos personales, y otra cosa muy distinta es, amparados por la impunidad de las redes sociales, convertirlo en vertedero de los más bajos instintos del hombre, con insultos inhumanos e incalificables y odio cobarde. ¿Por qué llegamos a esa situación?
Los toros constituyen espectáculo más democrático que existe, porque el aficionado es el que manda en la plaza; se sienta en su localidad y aplaude o pita, concede orejas a los toreros, sale de la plaza o muy contento o enfadado, es el aficionado que en la próxima corrida hace el mismo recorrido, compra su entrada a la plaza... No así los animalistas que, con un lenguaje realmente rastrero, faltan a aficionados y toreros a la salida de las corridas, los llaman hijos de puta, toreros muertos...
Los toros son del pueblo, de ricos y pobres, de sol y sombra, de derechas y de izquierdas, espectáculo en el que todo ocurre en el ruedo, es irrepetible y de verdad, hasta se muere (como es el caso actual de Víctor Barrio) y respecto a los altercados que otros deportes y espectáculos producen, los toros, y doy fe en mis más de dos mil festejos en los que he participado, nunca he presenciado, tanto en el ruedo como en el tendido o en la calle, ningún tipo de manifestación hostil o conflictiva, sino alegría de participación en el festejo.
Estos ataques sin razón a la fiesta y tan crueles respecto a la muerte de un torero no hacen más que desenmascarar y manifestar cómo son quien los hace y cada vez perder más credibilidad, porque el toro, precioso ejemplar, es un animal y el torero un hombre y un ser humano.
Felipe Zapico Díez. lEÓN