TRIBUNA
Los caminos de la mentira

C on la llegada de la mal llamada democracia en España, los políticos han utilizado los caminos de la mentira para conseguir sus propósitos. Decir que Castilla y León forman una región es más que una mentira, es un insulto a castellanos y leoneses. En el transcurso de la historia hay infinidad de datos que lo demuestran. He aquí algunos:
En las crónicas medievales consideradas como auténticas por todos los historiadores encontramos estos datos: las tierras que comprendían la antigua Castilla fueron reconquistadas por los reyes asturianos, principalmente Alfonso II y Alfonso III y por los reyes leoneses Ordoño II y Ramiro II. Desde el inicio de la integración de Castilla en el Reino de Oviedo, llamado a partir del año 910 Reino de León, Castilla nunca se encontró cómoda en el reino.
Esta afirmación queda muy bien reflejada en la Crónica de Sampiro, el cronista más importante de esa época. Dice Sampiro que los castellanos no querían estar en el Reino de León porque ellos se consideraban una raza superior. Se puede decir que ningún conde de Castilla fue fiel al Reino de León a pesar de que pertenecía a dicho reino. Es más, algunos condes llegaron a la traición para independizarse del Reino de León. El caso más evidente fue el conde Fernán González quien llegó a pactar con el Califa Abd-al-Rahman III para atacar a Ramiro II. Castilla no paró de incordiar al Reino de León hasta que consiguió la independencia. Incluso los reyes privativos de Castilla, caso Sancho II, Sancho III y Alfonso VIII atacaron al Reino de León con el fin de destruirlo e integrarlo en Castilla.
La coronación de Fernando III el Santo el año 1230 como rey de León (era entonces también rey de Castilla) cambió por completo las relaciones entre León y Castilla. Castilla había conseguido lo que siempre pretendió, tener plena independencia y plena soberanía, es decir, no depender de ningún Reino. Las relaciones entre León y Castilla se normalizaron hasta límites muy aceptables y, esa normalización consiguió unos frutos extraordinarios. A pesar de haberlo intentado en varias ocasiones, Fernando III, como rey de Castilla y de Toledo, no consiguió avanzar un solo metro cuadrado en la Reconquista de España.
Fue después del año 1230 cuando, después de ser ungido rey de León, logró la reconquista de los Reinos de Murcia, Jaén, Córdoba y Sevilla. Ahora bien, a pesar de lo que cuentan algunos de los llamados historiadores, Castilla y León no se integraron jamás en un solo Reino.
El Reino de León convocaba sus Cortes parlamentarias mientras Castilla se regía por métodos ancestrales. El año 1297 son convocadas Cortes de Castilla en Cuéllar, Segovia. El año 1299 son convocadas Cortes de León en Valladolid.
El año 1301 son convocadas Cortes de Castilla en Burgos. En estas Cortes los procuradores piden al rey que, en adelante, sean convocadas las Cortes de León y de Castilla juntas, a lo que el rey no accede. Según consta en las actas, la petición fue denegada por los procuradores castellanos. Algunos historiadores insinúan que los castellanos tenían miedo de que en las Cortes conjuntas los procuradores leoneses, más numerosos, aprobaran cosas perjudiciales para Castilla.
Ese mismo año 1301 fueron convocadas Cortes de León en Zamora. Leyendo las actas de las Cortes aparece con toda claridad que los leoneses se consideraban leoneses y sólo leoneses y los castellanos se consideraban castellanos y sólo castellanos. Por ninguna parte aparece la palabra ‘castellanoleonés’, una nueva palabra, inventada por la Junta autonómica para la creación de una nueva identidad que históricamente nunca existió, ni pudo existir.
En las elecciones generales del 26 de junio la UPL sacó 2.079 votos, apenas un 5% de los 41.690 votos conseguidos el año 2000. Es evidente que algo está haciendo mal la UPL. No soy una persona cualificada para dar lecciones de política a nadie y menos a la UPL, pero hay algo evidente: la mayoría de los ciudadanos leoneses tenemos en nuestro corazón un algo o un mucho de UPL. Me consta, que votantes del PSOE y del PP también tienen en su corazón algo de UPL.
La UPL debe tener, no un algo, sino un todo de amor por León. Por eso, la mejor decisión que debiera tomar la UPL sería la difusión de la verdad de la Historia de León, una verdad que sea conocida por todos los leoneses y por todos los españoles. La difusión de la verdad no sería ninguna lucha con Castilla. Al contrario, la difusión de la verdad demostraría que la buena armonía y el respeto mutuo que hubo entre leoneses y castellanos a partir del año 1230, trajo los mejores frutos de toda la Reconquista.
Es conveniente recordar que Fernando III era hijo de padre leonés, Alfonso IX y de madre castellana, Doña Berenguela. Estoy convencido que asturianos, gallegos y hasta portugueses apoyarían la difusión de la verdad de la historia porque también es su historia. Hasta me atrevería a decir que los castellanos ayudarían a difundir la verdad de los Reinos de León y de Castilla porque también es su historia. Estoy seguro que la admirada y noble Castilla no tuvo arte ni parte en la formación de esta infame e inconstitucional autonomía.
La prueba es que una gran parte de castellanos están sufriendo en sus carnes las injusticias, el olvido de la Junta de Castilla y León. Históricamente León y Castilla han sido dos regiones bien distintas la una de la otra.
La actitud que los diversos gobiernos de la Junta han tenido con la provincia de León ha arruinado el futuro de los leoneses, de todos menos de los que se declaran abiertamente castellanoleoneses. La única posibilidad de solucionar el problema es la difusión de la verdad de la Historia para hacer desaparecer esta nefasta autonomía. Nunca debemos olvidar que la verdad es el único camino para alcanzar la libertad, base de la democracia.