Diario de León
Publicado por
Manuel Arias Blanco profesor jubilado de SecundariA
León

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L a tecnología progresa que es una barbaridad, pero deja huella indeleble, rompe la intimidad. De hecho son numerosos los puestos de trabajo que absorbe este avance, de manera que muchos añoran aquellos tiempos donde doscientos obreros se batían el cobre en el asfaltado de una carretera. Ahora, una máquina y unos pocos obreros llevan a cabo esa misma tarea. ¡Cómo no va a haber paro! Error. Se necesitará menos mano de obra bruta, pero más tecnificación. La tecnología debe facilitar el trabajo, debe exigir más preparación, acaso un horario más reducido, nunca debe mandar al paro a tanta gente como se dice.

Mientras llega ese pacto entre tecnología y trabajo, el vocabulario nos sitia y abruma. Acorde con el acontecer diario surgen nuevas voces, en un principio en un idioma cualquiera, predominantemente en inglés. De este rosario de palabra he optado por un ramillete o puñado de ellas para alertar al lector. Resulta que puedo rescatar fragmentos de radio o televisión gracias al podcast ; si algo nos invade decimos que lo peta; si un hecho se propaga como un virus le asignamos la voz de viral; si hacemos hincapié en un término le aplicamos el apelativo de mantra; si, por el contrario, no seguimos la moda y vamos a nuestro aire resulta que somos unos hípster ; si queremos destripar el final de un libro o película resulta que estamos dentro del campo de un spoiler.

Con motivo de los últimos referendos o consultas se barajaron las voces de brexit —salida— y remain —permanencia—, al modo de Grecia con su grexit . También en el ámbito político hemos oído con mucha frecuencia palabras como sorpasso o adelantamiento de un partido sobre otro, así como el continuo postureo de algunas formaciones que iban más al pose que a la sincera manifestación de sus intenciones. En parecida línea está el vocablo streaming –retransmisión en continuo- para declarar al ciudadano la transparencia de cuanto se cuece en las reuniones de los partidos.

También el fútbol nos ha brindado alguna que otra voz de cierta repercusión, como ha sido el inside —desde dentro— con motivo de la celebración del campeonato europeo en Francia. Quizás algo lejos nos quedan el periscope e instagram que nos informan de las actividades de los famosos. Quizás fueron trending topic durante un periodo corto como el paso de la selección por el europeo.

En un territorio más genérico y, por tanto, más próximo, nos martillean los tuiter y los wasaps. El vintage, en sus orígenes próximo al vino, nos señala algo pasado no antiguo, mientras que el retro invita o evoca el pasado pero es una creación de ahora.

Ante tal aluvión de voces no nos cabe más salida que la resiliencia, es decir, hacernos fuertes para superar estas adversidades y encontrar el camino más directo para salir del laberinto ante tanta palabra nueva y extraña. Y, sobre todo, no hagamos caso a quienes echan mano de ese fariseísmo malsano y aparente. Para quedar bien, hacen del lenguaje algo farragoso e infumable. No seamos más papistas que el Papa y corrijamos de una vez por todas el tan traído y llevado dilema del género o sexo: menos ciudadanos y ciudadanas, chicos y chicas, etc. Si tenemos como principio que el masculino aglutina los dos sexos, vayamos al grano, agilicemos el texto. Y solo cuando queramos resaltar uno de los dos sexos, hagamos esa distinción. Por favor.

Algo hay cierto: la tecnología atenta contra la intimidad. Ya nadie está a salvo de cuanto exprese a través de sus wasaps. Aunque los elimine quedan pegados como lapas a los férreos latidos de su andamiaje. Hemos ganado en comunicación en la misma proporción que hemos perdido en intimidad. No sé si merecerá mucho la pena. La tecnología nos desnuda del todo. Pedimos transparencia y tal vez la alta tecnificación nos la brinda sin querer.

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