EN BLANCO
La guerra incivil
La historia es la madre de la verdad, pese a que ciertos desaprensivos se dediquen al abyecto negocio de tergiversar y manipular el relato de nuestro pasado común. Por ello, nadie puede objetar que hace ahora 80 años por España comenzaran a cabalgar el hambre, las enfermedades y la muerte igual que maléficos jinetes del Apocalipsis, provocando el naufragio general de un país que estuvo a un paso del Juicio Final. Más allá de cualquier explicación interesada, conviene establecer unos cuantos hechos que enmarcan el sainete mezcla de drama y barbarie en que acabará por convertirse la Guerra Civil de 1936. O Incivil, a decir de los más lúcidos. Reos de un delito de traición de lesa majestad, numerosos efectivos del Ejército se sublevaron contra el pueblo y el gobierno de la República, llevados por una lógica de exterminio y el deseo de solventar de una vez por todas, mediante el uso de las armas, la eterna y feroz lucha de clases entre las dos Españas que cantara el poeta -y también víctima- Antonio Machado.
El desequilibrado enfrentamiento entre militares profesionales y un pueblo indefenso ante la maquinaria de guerra puesta en marcha por los sublevados acabó en 1939, con el resultado esperado: una paz pobre, miserable y vengativa, casi tan dura como el propio conflicto. En realidad, la Guerra Civil puede considerarse un ensayo a lo grande del futuro enfrentamiento entre las democracias y los fascismos, laboratorio de estrategias para la terrible explosión de violencia que se viviría en todos los frentes de Europa. En este sentido, no podemos olvidar que el general Franco, antes que los propios nazis, ordenó el bombardeo de ciudades y civiles, algo insólito en las contiendas de antaño. El culto a la fuerza bruta y a la muerte por parte de los sublevados, empeorado por la consiguiente represión, cubrió al país de miedo e ignominia, tal como ponen de manifesto las memorias del alcalde de León, Enrique González Luaces, puestas a la venta por nuestro periódico. Un documento vivo sobre aquella barbaridad que causaría el sacrificio de toda una generación.