Diario de León
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PANORAMA FERNANDO JÁUREGUI
León

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Y a vemos que el 23 de agosto no es fecha «razonable» aún, y ya estamos pensando en septiembre para celebrar esa sesión de investidura en la que ni tenemos idea de quién sería el candidato a la presidencia del Gobierno. Pero ninguno de los cuatro merece irse de vacaciones, dejando esto como está. Ya, a los que queremos que España tenga una gobernación sólida y regeneracionista, solamente nos queda la esperanza en que erre que erre lleguen a un acuerdo seriamente reformista, que no permita al presidente del PP seguir con su inmovilismo, con sus trucos de hombre previsible ni con el manejo absoluto del Estado.

¿Y el PSOE? Nada sabemos del principal partido de la oposición más allá del no. Entiendo que, si Rajoy logra esos 170 escaños para ir a una investidura, el PSOE no podrá evitar que gobierne. Tendrá que abstenerse o tolerar la ‘rebelión’ de media docena de sus diputados, que, por unas razones u otras, tendrían que ausentarse del hemiciclo a la hora de los votos. Otra cosa sería echarse encima la culpa de tener que repetir las elecciones, lo que redundaría en una auténtica catástrofe ante las urnas de un partido que, como el socialista, es clave para la estabilidad política de España, al menos por ahora. Y el fin político de Sánchez, naturalmente; un fin que cada día aparece, para bien o para mal, casi como más inexorable.

A menos que, en lugar de irse de vacaciones, trabaje a fondo este verano, convocando a su comité federal para que este convoque, a su vez, una consulta a la militancia sobre los caminos que se abren ante la formación creada por Pablo Iglesias el auténtico. Porque el otro, el jefe de Podemos, se limita a esperar inteligentemente a que quien pretende, proclamándolo tan erróneamente ser el representante máximo de «las izquierdas» —pero ¿quién asesora en comunicación a Sánchez?—, se estrelle. Y en ello parece que anda, porque, si de él depende, ni habrá cambio de actitud, ni convocatoria al comité federal, ni consulta a los afiliados, ni convocatoria del tan aplazado congreso federal, ni nada. Y aún temo, espero que no ocurra, que algún paparazzi aficionado, teléfono móvil en mano, lo cace vacacionando, disfrazado gorro en testa, en cualquier chiringuito playero. Y no, él —los demás, tampoco— no merece irse de vacaciones con la que ha montado merced a unos errores que los medios, de manera unánime, le critican. ¿Todavía cree, como los británicos, que son todos «los del continente» los que se equivocan conduciendo por el lado erróneo?

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