Una jota sin su punto
L levaba más de cuarenta años sin escuchar «Tócame la minga, Dominga, que vengo de Francia». Para mí generación, forma parte de nuestro jurásico de canciones burras, y que me perdone Platero. La creía extinguida en la noche de los tiempos, como al triceratops. Sin embargo, hace unos días, en las redes sociales se ha difundido una grabación en la que aparece Pablo Echenique, uno de los cerebros de Podemos, cantándola en una cena privada durante la noche electoral de mayo de 2015. Le aplaudieron mucho su intervención musical, al grito de «¡presidente, presidente!». La responsable del PP en las Cortes de Aragón, Marián Orós, ha pedido que dimita, por considerar que es una «jota machista» e indigna de un diputado y representante público. Hombre, la letra no es comparable a la de «Blowing in the wind», resulta ordinaria incluso para el portero de un garito de cuarta. Su letra es zafia y de rima forzadina, aunque similar a otras muchas del cancionero chabacano. Lo cierto es que a mí me parece excesivo hasta llamarlo canción. Y para ser una jota auténtica le falta el punto, vamos a expresarlo así. En un sentido antropológico, lo soez forma parte del rito iniciático de la adolescencia a la juventud. Lo extraño es que fuese la elegida por Echenique, a quien por edad y por formación científica le hacíamos más de «Mi átomo me lo robaron, anoche mientras dormía». Pero era un acto privado, poco se puede decir al respecto, salvo guasearse, que para eso somos españoles. Se sorprendería el lector de lo que este columnista canta en la ducha. Y lo que se me pregunta al respecto en las juntas de vecinos.
Por cierto, debo pedir disculpas pues en la columna pasada me obcequé y escribí que estábamos al final de septiembre. Di el cantazo con el gazapo, y llevo ya mucho retintín. Aunque supongo que menos que Echenique, traicionado por sus gustos musicales, pero sobre todo por quien, tras asistir a la cena, difundió el vídeo. Después del trabajo viene muy bien reunirse con los amigos y cantar juntos viejas canciones. «¿Tócame la minga, Dominga»? Esa u otra más sutil, que también los Panchos las tienen muy bonitas. Pregunto sin acritud: ¿En España nos estamos volviendo majaras o es que me lo parece a mí?