Enemigos íntimos
Emite Netflix un documental titulado The best of enemies, que en español se ha proyectado como Enemigos para siempre y que yo prefiero traducir Enemigos íntimos. La cinta, un análisis sobre la sociedad y el pensamiento norteamericanos en los años sesenta, es una muestra de los cambios que la televisión introdujo como arma de agitación y propaganda política. La película se sitúa en la campaña presidencial que enfrentó a Richard Nixon con Hubert Humphrey, unos tiempos marcados por la derrota de Estados Unidos frente al Vietcong y el ascenso de Ronald Reagan como estrella de la nueva derecha. En ese contexto, ABC contrata para una serie de debates políticos a dos intelectuales con ideas radicalmente diferentes: Gore Vidal y William F. Buckley, un proyecto con el que la cadena trataba de convertirse en referente informativo. Y vaya si lo consiguió. Esos debates fueron el punto de inflexión de la política que a partir de ese momento se convirtió en un espectáculo más. Todo cambió. Cambió la televisión, cambiaron los políticos y cambió la representación. Lo que en un principio comenzó como un debate de altura —ambos rivales compartían su elitismo intelectual— se convirtió al poco tiempo en un enfrentamiento personal en el que ambos se empeñaron en pasear por la delgada línea roja que separa la dialéctica de la reyerta. En el último de los debates el tono pausado y la mueca sardónica de Gore Vidal inocularon el veneno: «Eres un criptonazi», le espetó el autor de La ciudad y el pilar de la sal a Buckley. El insulto logró que el republicano perdiera la sonrisa que le había acompañado durante todas las emisiones. «Escucha, marica, deja de llamarme criptonazi o te partiré la cara y te daré una paliza». Sin darse cuenta, los directivos de la cadena, acababan de alumbrar la nueva era de la política.
En España, todo llegó más tarde. La conversión del votante en televidente, también. Ayer asistimos a un nuevo capítulo de esa época, esa en la que la política es el medio del que se sirve la televisión para secuestrar el sistema. El problema que tenemos ahora es que los ciudadanos ya no viven en el mismo país. Cada cadena, cada confluencia de intereses emite un lenguaje distinto y cada lenguaje es un mundo aparte. Lo de menos son las ideas y proyectos, porque lo que de verdad importa es el pasaporte televisivo.