Diario de León
Publicado por
NUBES Y CLAROS MARÍA J. MUÑIZ
León

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¿ Hasta dónde llega el mal hecho? ¿Hasta dónde hay que resarcirlo? ¿Es el desarreglo potencial de lo común justificación para ignorar la suma de dramáticos desarreglos particulares? ¿Dónde empiezan y acaban las responsabilidades? Vale todo lo cuestionado para tantos frentes de judicial actualidad que estremece pensar hasta qué punto de impunidad podemos llegar entregándonos a la ley del mal menor.

Menor según para quién. La retahíla de desbarajustes reconocidos que tiene ajustado el freno de la retroactividad es alarmante. Como más escandalosos, los abusos en el ámbito financiero. Pero son demasiados los escenarios en los que se ha apechugado sin contemplaciones al ciudadano indefenso.

Tenemos ristra de irregularidades que remontan sus desmanes a tiempos pasados. Pero en la retroactividad a aplicar, aquí y allí (incluso allá en Bruselas), se ponen puertas al campo del resarcimiento del abuso y el engaño.

Productos financieros, cláusulas suelo, atropellos de telefonía móvil, cárteles ilegales de empresas en sectores básicos, contratos cuestionables, indemnizaciones por despido ahora sentenciadas, interpretaciones restrictivas de las normas que arrojan daños millonarios,...

Me apuesto un vermú de autor (y miren que es amplia la oferta) a que no hay familia que no tenga un caso que contar tanto de carpetazo sin contemplaciones, que los hay a miles; como de injusticia judicialmente reconocida que a cuenta de no causar mayores daños al erario público ve restringidos sus derechos, incluso bendecidos por sentencias y jurisprudencias. Aquí paz y después gloria.

¿Cómo se valora el daño hecho? A estas alturas de los rescates públicos y las miserias privadas se ha instalado la teoría de que es más injusto restablecer sí o sí lo que se ha sentenciado como irregular que hacer tabla rasa confiando en que el tirón de orejas retorne a la senda de la honestidad a los infractores. Porque al final los rescates recaen, también sí o sí, en los lomos de las víctimas de tales desmanes. Ante lo cual, como se empieza ya a atisbar, porque la trampa va siempre por delante de la ley, se articulan ya nuevas fórmulas de enredo del personal de a pie, cautivo del no tener donde refugiarse.

Se tejen nuevas ingenierías que en su día serán condenadas, pero su red tendrá tales implicaciones que harán otra vez borrón y cuenta nueva. Una vez más, que les quiten lo bailao.

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