TRIBUNA
En peligro de extinción

R epetidamente se nos informa y advierte del peligro de extinción de numerosas especies de flora y principalmente fauna; la amenaza se extiende, nada menos, a 22.000 especies con las que compartimos este planeta con mayor o menor concordia. Más bien muy poca concordia indirecta. Parece ser que la principal causa es el cambio climático, barbaridad evidente de la que es culpable el hombre. Sin rodeos. Así de simple. El fondo siempre es el mismo: dinero, dinheiro, money, argent, geld, plata, pasta (gansa o normal), guita, cuartos. Y… ya puestos, imali (en zulú). Todo ello, al precio que sea. Por ejemplo: están a punto de desaparición urogallos, lagartos, cigüeñas, linces ibéricos, quebrantahuesos, osos pardos y polares, focas, atunes rojos, truchas, cangrejos, elefantes, tigres y un exhaustivo número de animalejos y bichos que dan grima. Bueno, ¿y qué? Sin embargo, por ahí andan vivaqueando, pica que te pica, alegremente, lagartos cambiantes de color y aves de rapiña. Y no pasa nada, oiga. Por contraposición, numerosas asociaciones ecologistas se gastan millones en investigación y denuncias contra los países causantes del desmadre. En cuanto a la flora, comentan que el mundo se está desertizando. Bueno, ¿y qué? Dónde antes de los habituales incendios había un pinar, un hayedo o un trigal, construyen megacentros deportivos y de ocio alternativo, clubs pilingueros, macro discoteques , urbanizaciones con jacuzzis y…sanseacabó. A vivir, que son dos días. Es necesario ocupar los ocios de los congéneres con spa. «Salute Per l’Acqua», que decían los romanos. No eran precisamente tontos. No. Sabían lo que iba a llegar y de las indudables propiedades del agua para la salud de ellos mismos y para quienes les sucedieran o sucediesen. Tampoco deben olvidarse los inevitables jacuzzis, ni los chorrillos de agua rejuvenecedora de epidermis y enemigos del maldito estrés. ¿Existe algún desventurado no haya puesto un jacuzzi en su vida?
Y voy al objeto del artículo o púlpito. América del Sur, Asía, Oriente Medio y África, desde hace decenas de años sufren guerras más o menos oficiales y conflictos armados que han costado cientos de miles o millones de víctimas y ‘desaparecidos’ (curioso eufemismo muy utilizado), y los consiguientes desplazamientos de refugiados que hacen llorar a las piedras. Mientras, se celebran solemnes «cumbres borrascosas». Nadie quiere refugiados, desplazados (otro eufemismo) o deportados. Ponen los jacuzzis perdidos. Que se lo pregunten a muchos mandatarios. Por ejemplo al Señor Trump, don Donald.
Resumiendo. Contamos con serias organizaciones para luchar contra el peligro de extinción de urogallos, lagartos, gamusinos y otros benditos animales, bichos y foresta. Muy loable. Mas, habría que preguntarse quién combate el peligro de extinción de la especie humana. No hacen caso ni al Papa Francisco. Los auténticos políticos, por supuesto, no. También se encuentran en veloz periodo de desaparición. Deben quedar muy pocos.